El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, celebró ayer la decisión de cerrar la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), y prometió «eliminar las redes extranjeras» activas en el país centroeuropeo.
«En Estados Unidos decidieron revisar línea por línea miles de millones de dólares de ayuda al exterior, y nosotros estamos haciendo lo mismo en casa», afirmó el líder nacionalista, que alabó «el viento purificador del tornado de Trump».
«Todo el dinero procedente de Estados Unidos debe trascender, y quienes lo reciban deben ser sancionados», detalló Orbán en su entrevista semanal con la radio estatal.
«No se puede aceptar dinero del extranjero para influir en la política húngara», agregó el mandatario.
En el poder desde 2010, Orbán instauró una autoridad de vigilancia de los que él considera agentes del extranjero.
La Comisión Europea, que ha considerado que se trata de una violación del derecho europeo, presentó una demanda contra Hungría ante la justicia europea.
Alentado por la política de su «amigo» Trump, Orbán consideró que «llegó el momento de eliminar esas redes internacionales, de borrarlas del mapa, de hacer legalmente imposible su existencia».
Rusia, que en 2012 expulsó a la USAID de su territorio, se congratuló el jueves del cierre de «esa máquina de injerencia en los asuntos internos de los países».
En la misma línea, Orbán fustigó: «Una herramienta de influencia política para promover una agenda proinmigración, antifamilia y antigénero», y apoyar movimientos antigubernamentales como en Serbia y Eslovaquia.







