El FMLN fundamentaba su agenda política en el cambio y la justicia social, pero el papel aguanta con todo. Una vez que el Frente llegó al poder, los excomandantes se dedicaron a replicar lo que sus antecesores y aliados de ARENA habían hecho antes: saquear las arcas del Estado, en una pequeña parte para financiar al partido y, mayoritariamente, para enriquecerse ilícitamente.
Utilizaron las instituciones de Gobierno para sus negocios oscuros, y aunque se disfrazaran de personas honestas, sus acciones los desenmascaran. Ahí está la última prueba, la orden de captura de Orlando Quinteros, el verdadero nombre del exministro de Obras Públicas Gerson Martínez —el dirigente efemelenista que también fungió como diputado y jefe de la fracción legislativa, además de concejal de la alcaldía de San Salvador—, por malos manejos y actos arbitrarios para la designación del Sistema de Transporte del Área Metropolitana de San Salvador (Sitramss), un proyecto asignado a dedo a aliados del FMLN.
Salvador Sánchez Cerén, uno de los principales comandantes del FMLN y que llegó a ser presidente, tiene procesos abiertos por corrupción y apropiación de fondos públicos, a tal punto que la Fiscalía General de la República recientemente informó sobre el decomiso de propiedades ligadas al exmandatario, ahora protegido del régimen de Daniel Ortega, quien le concedió la nacionalidad nicaragüense, al igual que al primer presidente farabundista, Mauricio Funes.
El caso de Gerson Martínez es muy interesante porque, en su afán de ocultar sus actividades delictivas, incluso promovía la idea de que fomentaba la honestidad. Fue especialmente conocida su afición por la «casa de la transparencia» para referirse a una gestión honesta. No obstante, con el tiempo se ha ido conociendo la corrupción que surgió en Obras Públicas cuando este efemelenista era ministro.
Con el Sitramss, las acciones fueron de diversa naturaleza, al punto de invertir centenares de millones de dólares en una infraestructura pública que luego fue entregada, sin licitación, a una empresa privada formada por verdaderos activistas y aliados del FMLN. Pero también hubo coacción contra los empresarios de buses para que no solo no participaran en el proyecto, sino también para apartarlos y dejarles espacio a los verdaderos socios del entramado corrupto.
Esa millonaria inversión, pagada con los impuestos de los salvadoreños y gestionada mediante préstamos internacionales, está sin ser utilizada como realmente debería hacerse, ya que los operadores del Sitramss abandonaron el país y nunca reactivaron el servicio.
Este es uno de los mejores ejemplos de cómo la corrupción del FMLN dejó al país: en ruinas y enormemente endeudado.






