La libertad de expresión es vital en cualquier país del mundo, ya que legitima la actuación de la sociedad en una democracia; pseudoperiodistas la tienen como bandera. Cuando se quiere atacar la democracia sale de forma inmediata, entre otras cosas, como una vulneración al derecho de la libertad de expresión.
La libertad de expresión emerge de un derecho fundamental, que consiste en expresar o difundir ideas, protege toda expresión del pensamiento. Toda palabra que transmita un mensaje está dentro de la libertad de expresión, pero se desnaturaliza cuando tiene la intención de denigrar o dañar de alguna u otra forma; calumniar a alguien lesiona el honor de esa persona y, por lo tanto, transgrede directamente la dignidad humana, además de estar tipificado como delito.
La libertad de expresión es importantísima para un estado democrático, no existe democracia sin este derecho fundamental, pero la libertad de expresión no es mentir, tampoco desinformar ni insultar. Ahora con las redes sociales es fácil tirar la piedra y esconder la mano.
Escuchaba a quien dice ser el gurú de los constitucionalistas salvadoreños (y a quien todos los salvadoreños le estamos agradecidos de cierta forma), y es una de las personas que aprovechan las cámaras y cualquier medio de comunicación para hablar negativamente de su país y mentir, diciendo que la libertad de expresión ya no existe, cuando frecuentemente lo entrevistan y dice lo que quiere sin ninguna restricción, y quien en su cuenta de X amenaza con bloquear personas que no estén de acuerdo con su pensamiento, por lo que le toca bloquear a muchas; en fin, la contradicción en su máxima expresión.
Otros personajes igual de desafortunados diariamente dicen ante cámaras que tienen miedo de hablar, y hablan todos los días cosas negativas de El Salvador. El típico victimismo político.
La libertad de expresión tiene un límite, y este llega cuando se transgrede y lesiona el honor; la calumnia, la difamación y la injuria tienen precisamente el mismo bien jurídico protegido; este tiene varios componentes en los que deriva, como la reputación, la opinión que se exprese de cierta persona, tomando en cuenta el daño a la autoestima de las personas. Cuando lo que se dice de una persona es falso, no coincide con la realidad y lesiona su honor, nos encontramos ya frente a una acción con responsabilidad penal.
Un funcionario no está obligado a dar una entrevista a un medio que por el motivo que sea no crea objetivo o simplemente no sea de su agrado; un funcionario público y cualquier persona tiene el derecho de réplica, es decir, desmentir lo que se ha dicho en su contra si considera que es mentira o que lesiona su honor.
El Salvador es uno de los países con mayores garantías para la libertad de expresión, con cero presos políticos, nadie es arrestado por su pensamiento, nadie es arrestado por lo que dice; claro, cuando este sea considerado como un posible delito, sin duda debe de ser procesado y será un juez quien decidirá al respecto. Así que lastimosamente nos toca seguir escuchando discursos ficticios, pero esa es una democracia pura y real, como la de nuestro país.





