La vida si no es equilibrada carece de objetividad o, utilizando un término más existencial, carece de confianza. Al ser humano se le ha enseñado a creer y hasta a dar la vida por esa creencia; el gran problema es que la creencia es solo racional y el ser humano es más que razón, también es emoción y creación. Somos seres cocreadores de la propia historia personal y de la historia colectiva, es decir, seres no terminados.
El maestro Aristóteles solía decir: «La virtud se encuentra en el término medio». Es lo que hoy llamamos el punto medio aristotélico. El equilibrio es la clave para lograr una vida en la que los opuestos no son un mal, sino un bien en consecuencia causal. La vida a fin de cuentas no es los extremos de la vida o la muerte, es el medio, el ahora, lo que se respira y se inspira a cada instante, el eterno ahora.
No se está proponiendo un planteamiento «new age» o de facilidad al estilo coaching, no, se trata de poner en la palestra del análisis filosófico la importancia de aceptar la contradicción como una evolución, como un crecimiento interior y exterior, que solo a través del equilibrio en el pensar y en el hacer se puede llevar esta aceptación a niveles de elevación superior, que sin duda deja la mediocridad afuera de la ecuación.
Ser receptor de la proporción, que no es más que la aceptación y vivencia del ahora, es lo que ha de permitir ser acreedor de la gracia, que no es algo que se hace, sino algo que se recibe como regalo de la existencia, es decir, de nuestro Creador.
Solo expongo lo que Nietzsche planteaba, y lo quise esbozar, ya que en ciertos momentos las religiones se vuelven tan cegadas por el poder o por la subjetividad que a lo largo de la historia han creado mucho dolor en las personas, por mostrarles y exigirles un camino de extremos y no de equilibrio, como irónicamente sí han enseñado sus santos y místicos.
Es menesteroso comprender que la vida es y está en el constante fluir del amor, del dar, del ideal, del esfuerzo y de la fragilidad también. De ahí que lo propuesto es saber cuándo utilizar la mente y cuándo el corazón, pues el uso adecuado de ambos crea esa ponderación que permite alejarse del deleite desenfrenado que es el extremo de la vida y de la dimisión que es el extremo de la muerte.
Es ineludible reconocer que en la vida las contradicciones (no los extremos) son necesarias para el equilibrio y con ello el aprendizaje sabio. Pasar por una enfermedad grave, una pérdida de trabajo, una soledad, etcétera, es, por decirlo de la forma menos dura, frustrante en el momento, pero al pasar de esa circunstancia termina siendo el aliciente más exquisito del aprendizaje de la vida.
Lastimosamente, el hombre moderno ha perdido la perspicacia mística de la existencia, se ha desviado del tesoro del interior, y los académicos, o más bien los que se creen académicos, quizá son los más culpables de esta pérdida dolorosa. Es como la comprensión neutral del dinero, y digo neutral pues si eres infeliz con dinero lo utilizarás para más infelicidad y si eres feliz con dinero lo utilizarás para más felicidad.
Por ello, las cosas materiales son medios y no fines, consternadamente se ha confundido tanto occidente y ha hecho de los fines medios y viceversa. Somos cada vez más idiotas modernos, que creen saber, sentir y elevarse, cuando realmente solo estamos arrastrándonos como la serpiente en un predio lleno de soberbia y vanidad.
Por tanto, querido lector, cuando más conciencia tomemos sobre esta postura expuesta más prudencia se alcanza, desaparecen las heridas y las frustraciones, menos odio, vanidad y soberbia. Pues lo que va desapareciendo es lo que realmente no tiene existencia por sí solo, vive solo en el ser humano, fuera de él no. Así que démonos el tiempo de buscar dentro de sí la oportunidad de comprender los vaivenes de la vida y disfrutar cada situación como la gran oportunidad de crecer por encima de la mediocridad.
¡Es tiempo de santificar la vida y su equilibrio, volver extraordinario lo ordinario, consagrando la llave secreta del ser, que es ser hijos de Dios y, por tal, amados por Él!





