El juego del poder es estratégico. Esto significa que la ganancia de un político es exactamente la pérdida del otro; no hay empate en beneficio neto, aunque el juego del poder en sí mismo puede terminar en una negociación, para buscar acuerdos y entendimientos, y, como en toda negociación, las partes tienen que ceder intereses, y al final el resultado es que ambas partes ganan. Es por ello que toda negociación representa el estado de las fuerzas y cómo se van planteando las líneas para mantener la gobernabilidad.
El poder causa asombro y un deseo de desentrañar los acertijos estratégicos que subyacen en los diferentes escenarios que se van configurando a medida que se va ejerciendo el poder. Por lo tanto, en el análisis político se van explorando las diferentes intrigas, maniobras y cómo se pueden ir desmontando las decisiones opuestas.
Las decisiones y políticas del Gobierno rigen la vida del país, razón por la cual cuando surgen hipótesis de amenazas contra el Gobierno nacional, si este es fuerte, sólido y bien cohesionado, la gobernabilidad no se tambalea, porque cuenta con el apoyo incondicional del pueblo.
Hay supuestos subyacentes que plantean problemas en la realidad; en consecuencia, en la política «los costos y beneficios» no están definidos de antemano, sino que dependen de que las decisiones políticas sean acatadas por la gente. En la interpretación de las acciones políticas en ocasiones se muestra el cuestionamiento y las diferencias de opinión frente a los hechos que se analizan, lo cual genera una diferencia problemática, que son inevitables en la práctica, pero el Gobierno cuenta con procedimientos para trabajar y hacer andar la administración pública con estilo y características propias, sustentadas en el proyecto político que se impulsa; entrarle al poder político significa que hay que despejar capas de complejidad, que incluso abarcan una ambigüedad al representar figuras de autoridad que comprenden los tejidos que conforman la sociedad.
Saber tratar con mentes esquivas y reservadas es una habilidad que comprende audacia e ingenio, y que se relaciona con el panorama político para inclinar la balanza en las disputas políticas con carácter firme, de tal manera que no existe sociedad sin poder político.
La política siempre tiene prisa, hace ver todo urgente y que las cosas son inaplazables, y el poder político se desliza sobre una alfombra mágica, en tal virtud, hay que aprender sobre la verdad efectiva de las cosas públicas, por lo que se determina la verdad inalterable de entender sobre los fines del Gobierno, asimilar el proyecto político del mismo. Como dicen los viejos políticos, «hay que saber todo lo que hay que saber», y que la paradoja esencial en el arte de la política es que no se puede servir sin torceduras ni claudicaciones, porque la cercanía al poder describe y narra desde los círculos del poder. Hay que esperar oportunidades de confusión para maniobrar, pero un cartucho quemado no sirve de nada, para nadie.
Dicho lo anterior, el presidente de la república lo coloca en el propio centro de la política, puesto que cuenta con una experiencia y habilidad para conducir el Estado, siendo un hombre reflexivo, con una claridad de la realidad y del contexto político, en razón de la cual en el discurso presidencial del 1.º de junio, que significó el segundo mandato presidencial, contiene propuestas sólidas y concretas, con visión de país; entre otras, se refirió a la economía nacional, lo cual nos conduce a buscar inversión extranjera, aprovechando la fortaleza con que cuenta la República de El Salvador.





