Ayer escuchamos a uno de los principales voceros de la oposición urgir a ARENA y al FMLN a que desmonten lo que todavía queda de sus supuestas diferencias ideológicas y se unan de frente a la sociedad (como todos ya sabemos que están) para «enfrentar a la dictadura».
En la práctica, la derecha y la izquierda trabajan juntas desde hace décadas. La llegada de la exguerrilla al espectro político formal implicó modificar su proyecto revolucionario y adecuar su organización militar a un aparataje político. Los líderes de la revolución se convirtieron en meros administradores de la organización política.
Junto con ese proceso de desmontaje de la organización popular y la transformación en un ente burocrático, en el FMLN hubo un abandono de los ideales políticos y se entregaron a usufructuar la administración pública.
Muy pronto vimos a exguerrilleros y comandantes convertidos en dirigentes políticos, sin contacto con las bases y desconectados con sus ideales, felices de estar incorporados en el sistema financiero y de ser sujetos de préstamos, y de invertir los millones de la guerra en propiedades y bienes.
ARENA dedicó 20 años a perfeccionar un sistema para el saqueo del Estado, además de organizar al Gobierno en función de beneficiar a grupos de poder y a sus financistas. Las instituciones se retorcieron para garantizar ganancias y la impunidad de sus corruptos.
La tan cacareada alternabilidad no fue más que un pacto entre dos organizaciones para blindar a los corruptos de cada bando. No hubo problema en pasar de un partido a otro porque, sencillamente, eran caras diferentes de un mismo problema: la corrupción.
Las únicas grandes diferencias entre uno y otro eran la marca de carro y el banco donde cada uno tenía sus millones.
Por eso hubo una feroz oposición a que el presidente Nayib Bukele enfrentara con decisión y determinación a las pandillas, que depurara el sistema judicial y combatiera la corrupción.
Detener y enjuiciar a los criminales de cuello blanco, de uno y otro partido, fue denunciado como persecución política.
Ahora tienen una voz clara diciendo que deben marchar unidos para enfrentar, con todo lo que tienen, la mayor amenaza para el sistema corrupto que tantas dichas les dio. Derecha e izquierda se unen bajo la ideología de la búsqueda del poder y el interés de impedir que El Salvador se convierta en una nación con estado de derecho que construye su desarrollo.







