Día a día vemos, leemos o escuchamos a representantes de sectores opositores salvadoreños, de todos los sabores y de todos los colores; los une un interés en particular, y es el odio que le tienen al presidente Nayib Bukele, lo cual es comprensible pues su ascensión al poder en 2019 propició un descalabro, entre otras cosas, del modo de vida de estos personajes que se habían acostumbrado a lactar del pecunio estatal, disfra zado en algunos casos de organizaciones no gubernamentales, de medios periodísticos o simplemente representando a algún partido político.
Entre estos se observan algunos personajes que en un inicio se derretían en halagos hacia el mandatario salvadoreño, llegando inclusive a tener espacios en medios de comunicación (de lo cual guardo celosamente pruebas); sus expectativas eran convertirse en altos funcionarios en cargos como diputados, ministros, embajadores o fiscal general de la república, entre otros. Ahora sus intervenciones en medios de comunicación, igual afines algunos a sus trasnochadas pretensiones, pues, para decirlo en buenos términos, de igual manera habrá uno que otro entrevistador que soñaba con convertirse en funcionario de alto nivel.
La decisión de nombrar a uno u otro al frente de las instituciones es única y exclusiva del señor presidente, quien los designa con base en criterios definidos, de acuerdo, no a compromisos porque le hayan aplaudido, sino más bien por capacidad técnica y visión política de país, de real compromiso con un proyecto político que tiende a convertirse en un programa de largo alcance.
Las personas siguen siendo las mismas, lo que en realidad cambian son sus intereses, y allí vemos desfilar cada día a algunos personajes que buscan con sus intervenciones provocar al Gobierno salvadoreño para que recurra a actos de represión, lo cual no va a ocurrir, pues ni por asomo estamos en una dictadura, como ellos dicen. Sin embargo, su discurso es ese y mantienen una lógica a la inversa buscando aprovechar cada espacio para tratar de deslegitimar las buenas acciones del Gobierno salvadoreño liderado por el presidente Bukele.
La realidad política salvadoreña ha llegado a cambiar de modo tal que existe una percepción entre la población; y es que hay un acomodamiento ahora que se vive en condiciones de paz y de seguridad. Tal es el caso de eventos masivos en lugares donde en el pasado dominaban las pandillas, o al menos se percibía un ambiente de pesadez, pues era latente el grado de peligrosidad en el que todo El Salvador se movía, algo que ahora no se extraña.
Uno de los voceros de los grupos opositores llegó a expresar en medios de comunicación que se extraña a las pandillas, pues para este personaje vivíamos mejor de como ahora estamos. La verdad uno los ve y piensa si en realidad lo hacen porque su tozudez no los deja ver la objetividad de lo que ahora somos o son simplemente «payasos» que buscan monetizar con sus torcidas alocuciones.
La realidad del pueblo salvadoreño en general, del pueblo honrado y trabajador, del salvadoreño de bien que día a día lucha por mantener a su familia con sus condiciones de vida material satisfechas, es el que agradece lo que el presidente Bukele ha hecho por nuestra patria, devolviendo la alegría y la libertad ambulatoria, y que haya colocado a la delincuencia —representada en las pandillas— en el lugar que les corresponde.
A pesar de este clima que augura celebraciones de año nuevo muy diferentes para nuestra gente, es decir, en seguridad total, aun así se siguen escuchando alocuciones de representantes de los sectores opositores quieren deslegitimar lo bueno que este Gobierno hace y seguirá haciendo por nuestra gente. Por eso afirmó, la gente no cambia, solo cambian sus intereses.





