Recientemente hemos vivido los efectos de las tormentas tropicales Alerto y Beryl. En cuestión de semanas hemos recibido la mitad de la lluvia que normalmente recibimos en un año. Las lluvias han ocasionado deslizamientos, desbordamientos de ríos, pérdidas de cultivos, inundaciones en hogares urbanos y rurales, daños a la infraestructura pública y, lamentablemente, pérdida de vidas humanas.
El impacto de una tormenta es el resultado tanto de su intensidad como de la susceptibilidad del área donde ocurre. Es una realidad que todos los años nos enfrentamos a lluvias copiosas y, lastimosamente, todos los años somos víctimas de las decisiones que tomamos. No hemos sabido adaptarnos apropiadamente a tales fenómenos. En zonas urbanas los drenajes colapsan, las calles se inundan. Si bien esto se relaciona con un sistema de drenaje desfasado, existen medidas de mitigación que podrían reducir la incidencia de esos problemas. Primeramente, la cobertura vegetal y los suelos permeables, tan escasos en nuestras ciudades, son esenciales para la filtración de agua lluvia. El uso de pavimentos permeables en parques y estacionamientos, la inclusión de «jardines de lluvia» o los parques inundables son alternativas con un beneficio-costo favorable para la sociedad. Los jardines de lluvia son hondonadas diseñadas para recoger agua lluvia de un techo, estacionamiento o calle; los parques inundables son áreas grandes en los vecindarios con canchas, áreas de juego y jardines, que se diseñan para estar abajo del nivel de la calle, capturando el agua durante lluvias intensas y permitiendo su filtración en lugar de que corra por las calles.
En áreas rurales, donde tantos daños ocurren cuando los ríos se salen de su cauce, se pueden implementar medidas como el ensanchamiento de ríos, la construcción de humedales, el establecimiento de pequeñas presas, todo esto permite reducir la velocidad de la corriente y controlar mejor el caudal. Obviamente, la restauración de la vegetación en la cuenca de estos ríos debe incluirse en todo plan de control de inundaciones.
Aun con estas medidas, el riesgo no se elimina completamente en algunas zonas. En esos casos deben considerarse estrategias como la elevación de viviendas en los poblados; mientras que para áreas de cultivo los sistemas de producción deben adaptarse hacia prácticas de siembra de cultivos perennes, mayor cobertura vegetal durante todo el año y un incremento en la materia orgánica del suelo, todo ello permite una mayor infiltración de agua durante lluvias copiosas.
En casos más extremos pueden tomarse medidas más extremas; por ejemplo, granjeros de Vietnam, en las riberas del río Mekong se han adaptado a las inundaciones aprovechándolas para el cultivo de peces, y tan pronto el agua retrocede se utiliza el suelo húmedo y rico en nutrientes para actividades agrícolas. Granjeros en Bangladesh siembran en «jardines flotantes», es decir, balsas hechas de jacinto de agua, una planta invasiva con poco uso práctico, lo que les permite cultivar en zonas inundadas.
Las técnicas mencionadas no son necesariamente las soluciones por adoptar en nuestro medio, pero sin duda son reflejo del ingenio que las personas tienen para adaptarse a condiciones cambiantes.
Las soluciones a un problema tan complejo no son fáciles, pero sin duda políticas y normativas públicas que promuevan esos cambios deben establecerse y hacerse cumplir.
Es una responsabilidad del Estado hacer todo lo posible para garantizar el bienestar de la sociedad, pero también es una responsabilidad individual tomar decisiones que no nos pongan en riesgo a todos: un sistema de alcantarillados perfecto no funcionará si creemos que la basura que sacamos de nuestras casas y colocamos sobre la acera, la calle o el promontorio ya no es nuestro problema.





