Los cactus no solo son espinas y decoración en El Salvador, también representan un recurso importante en la etnobotánica, es decir, la ciencia que estudia cómo los humanos usan los recursos vegetales.
Aunque poco se hable de la diversidad de cactus que existen, su importancia es de gran relevancia para conocer el patrimonio natural que el país posee y la diversidad de usos que pueden llegar a tener.
Por lo menos, 32 especies de cactus son nativos del país, las cuales se recopilan en el libro «Diversidad de cactus de El Salvador», elaborado por el personal del Herbario Nacional de El Salvador, con el apoyo del doctor Ángel Salvador Arias, del Jardín Botánico del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
«Dentro de estas 32, hay dos especies nuevas para el país, de una familia que poco se piensa que existe en el país. La primera que se publica se llama “Disocactus salvadorensis”, una cactácea de bosques nebulosos, del Parque Nacional Montecristo. Un cactus que forma cortina en el bosque, con una belleza de flores. Y la segunda especie la bautizamos como “Deamiamontalvoae”, y está dedicada a doña Edy Albertina Montalvo, quien fue la primera salvadoreña que se dedicó a estudiar a las plantas», explicó José Gabriel Cerén, técnico del herbario del Museo de Historia Natural de El Salvador (Muhnes).
Según los criterios de la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la última especie se encuentra en peligro de extinción dada su distribución aislada. En El Salvador, una parte de la población silvestre de la especie se encuentra protegida dentro del Parque Nacional Montecristo.
El personal del Muhnes llevó a cabo diferentes viajes de campo para recolectar datos fenológicos (períodos de floración y fructificación) y mediciones de las flores y frutos que fueron enviados al Instituto de Biología de la UNAM donde se desarrollaron los análisis moleculares y de microscopia electrónica, para comparar la nueva especie descubierta con otras descritas.
Esta investigación no es el único esfuerzo que se ha hecho para dar a conocer la importancia de los cactus, ya que en el Muhnes se encuentra una exposición con 20 diferentes tipos de cactáceas, reunidas en un jardín temático.
«Una de las importancias es que se conozca la diversidad de plantas que tenemos, plantas que son nativas de El Salvador, su uso medicinal, agrícola, ya que se ocupan para cerco, y el potencial que la flora tiene. La pitahaya, por ejemplo, tiene una gran importancia y ha sido explotada en otros países para cosméticos, para alimentación y para medicina. Es un potencial que se muestra al público para que alguien tome la idea y pueda desarrollarla», dijo Eunice Echeverría, directora del museo.
También hay especies que han sido introducidas con la finalidad de propagar especies animales, como es el caso de la Opuntia, que se trajo al país el siglo pasado. «Fue introducida con el fin de ver si se reproducía la cochinilla, que son insectos donde se obtiene el pigmento rojo que se ocupa para teñir», añadió Echeverría. La directora manifestó que las cactáceas no solo se dan en un hábitat seco, «Chalchuapa y la zona del Trifinio, incluso donde estamos nosotros, son un punto de irradiación para cactus epífitos […], por ejemplo, el galán de noche, es una cactácea que casi está en peligro de extinción en las zonas naturales por el saqueo que ha habido para tenerlo en jardín, ya no cumple las funciones que antes tenía de forma natural solo ornamental», indicó.
Diversidad de cactus
En El Salvador, existe un primer acercamiento sobre las cactáceas, el cual fue revisado por el Instituto de Biología de la UNAM (MEXU), y los herbarios salvadoreños LAGU, (Jardín Botánico la Laguna) y el existente en el Museo de Historia Natural de El Salvador (Muhnes), con lo cual se logró registrar la presencia de 34 especies y 17 géneros, 12 nativos y cinco introducidos.

Acanthocerus teteagonus. Llamado comúnmente cruceta, cardón, nopal de cruz, jacubo o pitahaya anaranjada. En la mayoría de países donde crece esta especie es usada en huertos familiares o para delimitar terrenos formando setos vivos.

Disocactus speciosus, subespecie aurantiacus. Es un cactus colgante o epífito. En el país es alimento de aves, por la belleza de sus flores posee un alto potencial como ornamental en climas húmedos.

Epiphylum crenatum. Es una especie de cactus epífito cultivado por sus bellas flores diurnas. Sus grandes y atractivas flores hacen que se utilice de manera ornamental en los diferentes países donde se cultiva.

Hylocereus guatemalensis. En El Salvador esta especie es utilizada como ornamental, medicinal y el fruto es comestible. Es mayormente conocida como pitahaya o fruto de dragón.

Mammillaria columbiana. Es una planta suculenta perenne de la familia Cactaceae. En el país se encuentra la subespecie yucatanensis, la cual no es utilizada hasta el momento, pero otras especies de este género son de uso ornamental, al igual que la subespecie voburnensis.

Opuntia decumbens. Es una planta de uso comestible. Su floración se puede observar entre los meses de mayo y agosto. También se encuentra la opuntia detecta, utilizada de manera ornamental, la opuntia guatemalensis, utilizada de manera medicinal y su fruto comestible; y la opuntia lútea que es utilizada como cerca viva.

Marshallocereus aragonii. Conocida también como cola de mono. A parte de su uso casero también se utiliza de manera medicinal.







