Un autoproclamado líder de la diáspora y prófugo de la justicia salvadoreña hizo un llamado a que los salvadoreños nos unamos, y la pregunta es en qué planeta vive este señor. No se ha dado cuenta de que los salvadoreños ya estamos unidos. Lo demostramos ese día soleado de febrero cuando los salvadoreños elegimos el camino que queremos recorrer.
La gran mayoría estamos de acuerdo con el camino que nuestro Gobierno ha elegido, por supuesto que hace falta mucho trabajo, de eso afortunadamente el más consciente es el Gobierno mismo, y es que ahora nos damos cuenta de que por años Casa Presidencial fue prácticamente una casa de descanso, que nuestros líderes anteriores fueron en contra del clamor popular y en lo que menos se enfocaron fue en resolver problemas estructurales.
La oposición sin duda es ruidosa, es que hoy es muy fácil hacer ruido, pero sin duda su especialidad es hacer constantemente el ridículo. Este señor, del que hasta hace unos meses no sabíamos de su existencia, como forma de fortalecer su «liderazgo» debería venir a nuestro país y limpiar su nombre, enfrentar los cargos en su contra, someterse al proceso judicial y sin duda, si es inocente, lo absolverán de los cargos.
Es que cuando las cosas se hacen sinceramente, dentro de la legalidad, sin ánimos de perjudicar a nadie, con honestidad, con base en principios y valores, buscando un beneficio colectivo no propio, y para los que creemos en Dios de la mano de Él, pues nada tiene por qué salir mal, la misma ruta de presentarse ante la autoridad deberían emplearla todas las personas que están prófugas de la justicia, esos que están escondidos en otros países. El que nada debe nada debe temer. Es tan fácil irse del país y evadir responsabilidades, lo difícil es enfrentar una acusación y más si son tan graves como las que recaen sobre ellos.
Jamás se puede justificar un delito en contra de tu país, en contra de la población que confió y dio su voto, pero lo que sí se reconoce es que algunas personas han tenido el valor de someterse a los respectivos procesos judiciales, de cumplir su condena y, de cierta forma, limpiar un poco su imagen. Es que el honor, una vez que se pierde, jamás se recupera.
Los verdaderos líderes de la diáspora son los salvadoreños en el exterior que trabajan arduamente y están comprometidos con su familia en El Salvador, aquellos que a pesar del transcurrir del tiempo nunca se olvidaron de su familia, aquellos que se superaron fuera de nuestro país y lejos de mirarnos por debajo del hombro su humildad siguió intacta, aquellos que agradecen eternamente el sacrificio de las personas que los criaron, de sus padres, tíos, abuelos y que hoy que los necesitan ellos están pendientes de cualquier necesidad que tengan.
Esos son los verdaderos líderes de la diáspora, no los que llevan un par de personas a hablar mal de su país y a gritar mentiras. Increíblemente existe gente que paga por ver este decadente espectáculo; no es persecución política, se persigue a criminales, porque los criminales deben estar tras las rejas. Simplemente eso, los salvadoreños ya estamos unidos, sin duda no hay peor ciego que el que no quiere ver.





