Sus sabores únicos a base de frutas frescas y de temporada, hechos de forma artesanal, hacen que sean los favoritos de los vicentinos. Nos referimos a los sorbetes que elaboran Rónald Alfredo Valle Villalta y su familia en la ciudad de San Vicente.
La historia de estos deliciosos helados inició hace muchos años con Maclovio García, el bisabuelo de Rónald. Él comenzó con este patrimonio que siguieron sus hijos, nietos y bisnietos, y que ha sido sostenido en el tiempo siendo con él la cuarta generación en dedicarse a crear sabores, ahora innovadores.
«Los sorbetes Tomasito fueron muy famosos y reconocidos, así se llamaba cuando lo tenía el abuelo. Luego nos quedamos elaborando los sorbetes artesanales Villalta, que tiene sala de venta mi tía, de ahí me independicé y comencé con sorbetes artesanales El Gordito. Aquí somos una familia, el negocio de los sorbetes es familiar», expresa el artesano.
De sus 43 años, 25 lleva elaborando sorbetes en un pequeño local donde al día se producen entre 200 y 300 vasos con sorbete, que son preparados en tres vasijas cubiertas de hielo que concentran los ingredientes frescos que desde tempranas horas comienzan a paletear (mover o batir) para mezclar y lograr la consistencia deseada.
«La calidad es la misma, solo vamos innovando sabores. Por ejemplo: tenemos los sorbetes tradicionales de leche con pasas, coco y tamarindo, pero ahora yo hago de anonas, nísperos, de fruta de temporada, y el último que he hecho es el de cerveza, exótico y bastante aceptado», expresó Rónald.
Los sorbetes hechos por la familia Villalta gustan a locales y extranjeros, los encuentran una cuadra abajo de la iglesia El Calvario a partir de las 10 de la mañana, y desde las 6 de la tarde a las 11:30 de la noche en el paseo municipal vicentino, ubicado a un costado de la iglesia El Santuario.
«Somos muy reconocidos en San Vicente, incluso, yo he viajado a Estados Unidos y México a festivales salvadoreños. La gente queda encantada, algunos emocionados cuando escuchan que son de los sorbetes de San Vicente, más que todo muchos que no pueden venir al país», menciona sobre la experiencia fuera del país.
Rónald se dedica únicamente a elaborar sorbetes y vender[1]los en su emprendimiento en el paseo vicentino, y para gustos de «alta gama», como lo llama, no solo tiene el sabor exótico de cerveza, sino también el de piña colada, el de horchata con leche y café cremosa, todos con un toquecito de licor.
El legado del sabor artesanal es de gran valor familiar, afirma el emprendedor, ya que asegura que no han considerado buscar industrializarse porque el sabor que ofrecen es identidad para los vicentinos.
Su sobrina Silvia Margarita va a convertirse en la quinta generación, adelanta Rónald, al comentar que ella, al igual que su historia, luego del bachillerato optaron por el negocio de los sorbetes. Ya lleva cuatro años y el arte de la familia lo tiene aprendido. «Al principio cuesta un poco la preparación, pero con la práctica y enseñanza de mi tío Rónald y mi tía para paletear y sacarlo me ayudó», relata la joven de 23 años.
«Al salir del bachillerato comencé la universidad, pero luego con la pandemia mejor decidí que me dedicaría al negocio con mi familia y aquí estoy, porque creo que me tiene más cuenta estar en el negocio y seguir la tradición, que luego de estudiar me cueste encontrar trabajo», manifestó.
Los sorbetes los ofrecen en vaso, barquillo, pinta, en media o cubeta entera, ya que estos últimos los adquieren para fiestas o celebraciones familiares, para pedidos pueden llamar al 7132-9482.







