Uno de los sellos distintivos en las obras que inaugura el Gobierno del presidente Nayib Bukele es que además de contribuir a la infraestructura nacional (carreteras, puentes, mercados y escuelas, entre otros) también conlleva un elemento arquitectónico de hacer edificios funcionales, pero que también embellezcan el entorno, algo de lo que la comunidad se siente orgullosa.
Es un tema bastante ilustrativo sobre el pensamiento profundo tanto del Gobierno del presidente Bukele como de algunos activistas y cabecillas de grupos opositores.
Muchos de estos opositores critican que el Gobierno instale luces en las obras que inaugura. Este rechazo a la luz demuestra que son personas que se sienten más cómodas en la oscuridad y que prefieren hacer las cosas a escondidas en lugar de dar la cara.
Otro punto de vista interesante es que para cumplir con obras en tiempo también es necesario alargar la jornada laboral y para poder trabajar de noche es necesario que haya luces. Esto lo sabe el que trabaja en construcción. Y si los abanderados de la oposición lo desconocen es precisamente porque no tienen experiencia en trabajar.
Muchísimos estudios han demostrado también que calles y barrios iluminados alejan la posibilidad de que se cometan delitos. La falta de luz en las ciudades únicamente favorece a las actividades ilícitas.
Además, es de sentido común que si una obra está al aire libre debe estar iluminada por seguridad, por ornato mismo de la zona y para mostrarle a todos que en esa zona también hay obras, lo que llena de orgullo a los ciudadanos. El mejor ejemplo de esto son los puentes en San Antonio del Mosco y Carolina, zonas tan apartadas que sus habitantes creían que jamás iban a tener edificaciones modernas de esa calidad y dimensiones.
Esto nos lleva a otra conclusión muy interesante: como no construían obras no tenían necesidad de iluminarlas.
«Además, hay seres que les gusta la oscuridad y hay seres que nos gusta la luz. A mí me gusta la luz», dijo el presidente Bukele cuando inauguró de manera simultánea 70 escuelas recién construidas, remodeladas y equipadas.
Un barrio iluminado invita a la comunidad a integrarse, a socializar, a formar lazos más duraderos y genera identidad. Son elementos que llenan de orgullo y son una muestra de que, como dice el presidente Bukele, «lo público tiene que ser mejor que lo privado».






