El artista salvadoreño Mario César Martí, fallecido este fin de semana, deja un legado en sus obras que han sido consideras «primordialmente expresionista abstracta, es decir, emotiva, personal e interior, y a la vez, no objetiva», como pondera el Museo de la Palabra y la Imagen (Mupi).
El museo, que informó del deceso en sus redes sociales, recordó que el compatriota residía en Francia desde el año 2001. «En mi obra hay un ambiente de libertad donde solo hay cosas sugeridas», dijo en su momento Martí sobre sobre su trabajo artístico donde empleo varias técnicas como piroxilina, la témpera y el óleo, así como el dibujo.
Mario César Martí nació en San Salvador en 1940 y años más tarde se graduó como arquitecto de la Universidad de El Salvador obteniendo luego una maestría en Arquitectura Urbanística de la Universidad de Lovaina, en Bélgica.

Martí fue alumno en los talleres de la Escuela Nacional de Artes Gráficas bajo la dirección del artista Luis Ángel Salinas. En la universidad asistió a clases de dibujo con el maestro Carlos Cañas, quien introdujo a sus alumnos al expresionismo abstracto.
En Bélgica formó amistad con Ignace Vendevivere, especialista en arte y director de museo quien también fue su maestro.
Marti comenzó a exhibir sus obras en 1964 y luego realizó su primera exposición individual en 1966. Entre las exhibiciones más importantes de su carrera están la IX Bienal de Paris en 1967, una muestra de colecciones privadas en el Museo de Leuven (Bélgica) en 1971, y la Bienal de Nantes, en Francia, en 2003.
En El Salvador ha expuesto en la galería El Laberinto y en La Ventana. También ha exhibido en Bélgica, Francia, Suiza y México. Su obra «estilísticamente también ha sido descrita como informal, tachista y abstracta aunque en sus inicios empleó un estilo neofigurativo expresionista, todavía en sus obras más abstractas podemos discernir referentes del mundo cotidiano y real».
El Mupi, que atesora una parte de la colección de sus obras, anunció además que «estamos en espera de préstamos provenientes de coleccionistas que deseen compartir con la sociedad salvadoreña el legado de este importante artista».

El maestro, poeta y critico de arte Jorge A. Cornejo, en su momento, comentó las obras de Marti, señalando como, mediante «recortes de periódicos, papel pintado, pedazos de tela de color, materiales extra-pictóricos que, por medio del collage, le permiten reproducir la ilusión de algo natural, llegando a confundirse con el trompe l’oeil (engaña al ojo)», destacaba como un importante artista de su época.
Martí regresó a El Salvador en los años 90, pero emigró en 2001, tras los terremotos y, desde entonces, residía en Francia junto a su familia. «Partió vuelo de este mundo, dejando un legado de arte, memoria y compromiso», escribe también el Mupi. a la memoria de uno de los grandes referentes del arte en El Salvador.







