La nación más poderosa del mundo acaba de dar una demostración de confianza y respaldo a la seguridad establecida en El Salvador. No con discursos, sino con acciones. Es un avance a gran escala en la lucha contra los grupos terroristas y el crimen organizado.
No se trata solo de meter delincuentes internacionales a la cárcel de mayor seguridad en el mundo.
Es parte de volver autosostenible el sistema penitenciario. Es una alianza estratégica que protege a los ciudadanos, vuelve al país más seguro, mientras otras naciones se sumen en el caos al permitir que las bandas asesinas aterroricen a sus pueblos. En lugar de justicia reciben mimos de sus gobernantes. Bien dijo alguien: «El mundo libre celebra».
Es que no es cuestión de ser románticos. Hay reconocimiento mundial público a lo que el presidente Nayib Bukele ha logrado en este tema y en otros desde el 1.º de junio de 2019, luego de que el pueblo se decidió por su liderazgo valiente y quebró el sistema del bipartidismo fáctico.
Para nadie es un secreto que no es nada fácil establecer un sistema de vida de total seguridad, más cuando una nación estuvo sometida a una cruenta guerra civil de dos ideologías, durante 12 años, y, luego, al asedio criminal de maras y pandillas, por más de dos décadas.
Los salvadoreños sabemos que fue complejo iniciar semejante empresa, pues toda esperanza inocente y honrada había sido robada, principalmente cuando los gobernantes tricolores y rojos prefirieron negociar con los asesinos del pueblo antes que restablecer el orden.
Es que les temblaron las patas. Mientras los «más vivos» aprovecharon la oportunidad para ampliar sus operaciones de seguridad privada. Tampoco una vida segura sería realidad si los otros poderes de Estado no se hubiesen sumado al acompañamiento del proceso de recuperación que ejecutaba el Ejecutivo.
El pueblo entendió que se debía dar gobernabilidad en la Asamblea Legislativa. Con areneros, efemelenistas y sus partidos apéndices, enquistados en mayoría en el Órgano Legislativo, la vida seguiría siendo igual de sangrienta, de luto y dolor como lo fue durante sus gobiernos. Ahora se dan golpes de pecho hablando de «renovación» y criticando todas las acciones que se llevan a cabo en favor de la sociedad. Ridículos.
También el pueblo sabía que era urgente eliminar de tajo la corrupción de los magistrados y jueces que corrompieron por siempre la justicia en nuestro país, quienes fueron empleados de los «dueños de la finca» al «módico».
Esos que todavía se autodenominan «jueces de hierro» o «jueces independientes» simplemente fueron lacayos del poder fáctico que movieron el sistema judicial al son del billete. Bueno, por ejemplo, el país perdió $5 millones en impuestos por el «beneficio» que un juez le dio al «eterno aspirante a la presidencia de la república» que, por cierto, ni su familia de abolengo lo quiere.
Todos estos fueron cubiertos con letras lisonjeras de los dueños y empleados del «cuarto poder». Claro, siempre han sido tontines útiles y han comido en las fiestas de despilfarro de dinero.
Ahora hasta el chorro extranjero se les ha cerrado y deambulan como lloronas. Me refiero a esos que ahora espetan locuras en sus redes sociales y en sus panfletos digitales y de papel en contra de las medidas de seguridad que han devuelto la paz y tranquilidad a las familias salvadoreñas, incluyendo a las de ellos.
¡Cuántos de sus pódcast circulan en redes sociales tratando, aún, de manipular la percepción de los salvadoreños y extranjeros! Es que solo su circulito de «plumíferos independientes» se cree sus historietas. Sus ponencias y escritos son lastimeros. Pero hay que reconocer que tienen cuero de rinoceronte, pues lo han hecho desde que Nayib se postuló de candidato presidencial.
Pero ha sido un camino de tortura, ya que vienen de tumbo en tumbo vendiendo humo y obteniendo los mismos resultados. Tienen cabeza de concreto, pues no les penetra que el pueblo respalda a su presidente, a pesar de tantos «reportajes» con tantas falsedades. Los políticos, magistrados y jueces corruptos, así como los carniceros con pluma y ONG, no entienden ni entenderán jamás que solo una sociedad segura ofrece a sus ciudadanos una mejor calidad de vida.
No aceptan que un entorno de verdadera seguridad brinda a las personas la oportunidad de vivir libres, de trabajar y disfrutar de su tiempo de ocio con tranquilidad, lo que contribuye al bienestar general. La seguridad pública también es un factor clave para el desarrollo económico.
Las empresas son más propensas a invertir en áreas donde la seguridad está garantizada, lo que a su vez crea empleo y mejora la prosperidad económica. ¿Les explico con dibujitos? Millonarias inversiones están llegando al país, se está reactivando el puerto que fue la vergüenza en gobiernos areneros y efemelenistas, me refiero al de La Unión. ¡Cuántos proyectos de infraestructura privada se ven ahora por todo el país! Zonas que nunca tuvieron desarrollo ahora tienen dinamismo urbano y comercial.
Y si de turismo hablamos, ¡cuántos visitantes han llegado y están llegando al país para disfrutar de esta nueva historia! Ellos confirman que no son simples discursos oficiales. Sin duda, Semana Santa nos dejará cifras espectaculares. Muchos han venido al país solo para comprobar si lo que se escucha en sus naciones sobre El Salvador es cierto.
No cabe duda de que el país ha entrado a otra escala, de la mano de Nayib. Paso a paso está consolidando las bases para el desarrollo sostenible. No es momento para detenerse por señalamientos de los que prefieren al país sumergido en piscina de sangre inocente. Lo que ha ocurrido y seguirá ocurriendo son mazazos internacionales positivos ante la excelente gestión del presidente Bukele.
Seguramente, más medios de comunicación internacionales estarán de visita para informar sobre el nivel de seguridad del Cecot, la nueva historia del Pulgarcito de América y sobre la alegría y el entusiasmo que envuelven a la sociedad salvadoreña. Por supuesto, los pagados por Soros seguirán con sus novelas.





