La Policía Nacional Civil (PNC) informó en las últimas horas la detención de un menor de edad que hizo señales alusivas a las pandillas. Esto es una muestra de que el Estado salvadoreño está funcionando y erradicará a las pandillas desde la raíz.
No se trata de una exageración o de que se vulneran derechos, sino de que se previene el surgimiento de estructuras delictivas organizadas, que durante décadas mantuvieron sometida a toda una sociedad.
Las maras surgieron como una expresión de descontento de un sector de los jóvenes marginados por la sociedad estadounidense, pero se mezclaron con el crimen, y lo que en un principio surgió como un fenómeno en las calles de Los Ángeles pronto se expandió por todo el territorio salvadoreño con las deportaciones masivas de las administraciones demócratas en Estados Unidos, como una enfermedad que carcomió los cimientos de la sociedad.
Muchas familias se desintegraron debido a que los pandilleros convencían a sus hijos de unirse a estos grupos criminales. Los delincuentes perpetraron auténticas barbaries contra otros jóvenes a los que asesinaron, violaron y torturaron de diferentes formas.
Toda esa estructura de crimen organizado —que llegó a cometer incluso delitos sumamente complejos que implicaron la participación de profesionales de diferentes áreas dentro de la organización— surgió a partir de esos jóvenes que los entonces gobernantes (ahora convertidos en la oposición) desestimaron y permitieron que crecieran, para luego pactar con ellos votos de sangre.
El Gobierno del presidente Nayib Bukele promueve múltiples programas para evitar que los jóvenes sean seducidos por la criminalidad, incluyendo la entrega de más y mejores instrumentos para la educación, como computadoras con acceso a internet, además de mejores instalaciones en escuelas e institutos y becas que ahora les permitirán a los jóvenes de cualquier parte del país continuar sus estudios, sin importar que tengan o no los recursos para costearlos.
También los centros urbanos de bienestar y oportunidades (CUBO) son parte de la infraestructura para fomentar expresiones artísticas (tradicionales y urbanas), e incluso formar vocacionalmente a aquellos que así lo deseen.
Evitar que los pandilleros se vuelvan a reorganizar en el país implica prohibir cualquier tipo de glorificación o de enaltecimiento de las pandillas. Lo mismo hace Alemania para evitar el resurgimiento del nazismo que tanto dolor trajo a la humanidad. Cualquier muestra de simpatía, gestos o simbología, incluso canciones, están penalizados. Nadie quiere que vuelvan.






