El presidente de la república, Nayib Bukele, suma otro logro sin precedentes en la historia de El Salvador, al acumular seis años sin amotinamientos ni masacres en las cárceles del sistema penitenciario durante el período comprendido desde que inició su primera gestión el 1° de junio de 2019 a la fecha.
Este resultado es consecuente con las afirmaciones que el 6 de febrero pasado dio el mandatario, al asegurar que el sistema penitenciario salvadoreño es el mejor del mundo, tanto así que despertó el interés de naciones como Estados Unidos, Argentina, República Dominicana y Ecuador.
El Plan Control Territorial, que ha sido criticado por opositores y defensores de pandilleros, le permitió al Estado tomar control de las cárceles y quitar privilegios a los mareros otorgados por gobiernos anteriores como acceso a internet, llamadas telefónicas ilimitadas, asignación de penales por pandillas, salida e ingreso de ilícitos como droga, celulares y wilas (cartas con órdenes) para asesinar, violar y extorsionar con total impunidad.
La primera gestión del mandatario estuvo marcada porque logró desmontar el sistema corrupto que en gobiernos de ARENA y del FMLN provocó riñas con saldos fatales, tal como sucedió en agosto de 2004 en el penal La Esperanza, conocido como Mariona, donde 30 reclusos fueron asesinados y más de 20 resultaron heridos en una disputa entre bandas internas.
Previamente, en diciembre de 2002, dos policías fueron tomados de rehenes y luego asesinados por criminales de ese mismo penal durante un motín que, además, dejó 17 lesionados entre custodios y reclusos. Bajo administraciones anteriores, el sistema carcelario tuvo reportes de hasta 56 fugas de criminales por año que no eran reportadas a la Policía.
Con la tregua entre pandillas, avalada por el expresidente, Mauricio Funes, vino el libertinaje y los escándalos como el ocurrido en el penal de Izalco, Sonsonate, donde fue autorizado el ingreso de bailarinas, trabajadoras del sexo, comida a domicilio y hasta fiestas con discomóviles para hacer más placentera las condenas de los criminales.
En una requisa efectuada en febrero de 2015 en el penal de San Francisco Gotera, Morazán, se decomisaron 40 televisores tipo plasma, consolas de videojuegos, 45 celulares y droga. Ese mismo mes, estos grupos asesinaron a dos custodios de esa prisión.
UN MODELO PRODUCTIVO
Bajo la presidencia de Nayib Bukele, la Dirección General de Centros Penales (DGCP) puso en marcha el Plan Cero Ocio, del que forman parte más de 24,000 reos en fase de confianza -no pandilleros- que se han involucrado en talleres de formación técnica que operan 24 horas, en tanto que los mareros que causaron dolor a la población han sido confinados en prisiones de máxima seguridad como el Centro del Confinamiento del Terrorismo (Cecot) de donde jamás saldrán, según lo expuesto por las autoridades.
Los datos oficiales indican que solo en el taller de maquila textil 6,600 reos en fase de confianza producen cada mes 600,000 prendas, de las cuales, más de 188,000 son uniformes para uso médico, mascarillas y gabachas.
También son fabricadas más de 114,000 indumentarias deportivas para diversos proyectos del INDES; más de 18,000 uniformes para estudiantes de escuelas públicas y 9,000 uniformes para militares. En el taller de zapatería 6,300 reos fabrican por mes 150,000 pares de zapatos para estudiantes, custodios, bomberos y personal de otras instituciones de gobierno.
Una cuadrilla de 2,400 reclusos fabrica 70,000 muebles para escuelas del sistema público y centros de atención de la primera infancia que consiste en pupitres, mesas, sillas y pizarras.
Además, 7,000 reclusos apoyan fuera de las cárceles en la construcción y mantenimiento de hospitales, unidades de salud, escuelas, delegaciones policiales, viviendas, así como la restauración del Palacio Nacional y mejoras de escenarios deportivos como el estadio Jorge Mágico González.
AUTOSOSTENIBILIDAD Y MÁS
El gobierno destinó varias cuadrillas de reos para la construcción de casas malla, estas son estructuras con sistema de riego integrado para diferentes cultivos.
En la Granja Penitenciaria trabajan 800 reclusos en labores agrícolas, avicultura y ganadería para producir sus propios alimentos y garantizar la autosostenibilidad. Además, tienen bajo su cuido más de 44,000 gallinas ponedoras que producen unos 50,000 huevos por día.
En los talleres de línea blanca 1,200 prisioneros reparan electrodomésticos, herramientas de construcción y maquinaria industrial, que incluye, ventiladores, aires acondicionados, cafeteras, microondas, lavadoras y secadoras para áreas de descanso de policías y médicos.
Un equipo de 900 reclusos da mantenimiento a vehículos del sistema de salud y penitenciario. En el caso de la Policía, han reparado más de 2,100 vehículos entre patrullas y motocicletas.
El sistema carcelario cuenta con talleres de tapicería industrial, pintura artística, alfarería y producción de detergente que es utilizado en las cárceles. En 2024 fueron capacitados más de 21,500 reos en diferentes áreas; mientras que, en toda la gestión más de 37,000 recibieron formación mientras cumplen su condena.







