El Salvador avanza cada vez más a convertirse en un Estado moderno y próspero. Gracias a la exitosa política de seguridad pública, el presidente Nayib Bukele convirtió a la nación más peligrosa del planeta, «la capital mundial del homicidio», en uno de los países más seguros.
Gracias a esta nueva realidad, El Salvador está viviendo un boom turístico, liderando las listas de destinos a los que visitar y recibiendo impresionantes reseñas por la organización de eventos internacionales, como Miss Universo o los múltiples campeonatos de surf que se han desarrollado en las playas nacionales.
El Centro Histórico de San Salvador ha sido revitalizado y, con ello, atrajo millonarias inversiones que apenas unos años antes eran impensables, convirtiéndose ahora en un epicentro turístico.
Paralelamente, el Gobierno del presidente Bukele ha impulsado reformas para facilitar los trámites a la hora de registrar empresas, evitando las trabas burocráticas que tanto daño le han hecho a la apertura de nuevos negocios.
De hecho, el Centro Nacional de Registros (CNR) anunció que en 2024 había inscrito a más de 6,000 empresas nuevas, todo un hito, gracias a los nuevos procesos, que facilitan los trámites. En las aduanas también se está llevando un proceso de simplificación de trámites, permitiendo que el comercio sea más ágil, pero sin descuidar la seguridad.
El Salvador también es pionero al adoptar como moneda de curso legal el bitcóin, sobre el cual hay una política de creación de una reserva estatal que ha sido adoptada por otras naciones. Esta característica única del país ha logrado captar el interés no solo de entusiastas de la criptomoneda, sino de grandes y sólidas empresas que han decidido instalar en el país sus sedes regionales y globales.
La apertura tecnológica propició un acuerdo con Google, haciendo de El Salvador su base de operaciones para la región, lo que también acarrea una serie de beneficios para el país.
Estas reformas legales no solo se concentran en temas económicos. También el Estado necesita adaptarse para enfrentar las nuevas realidades. Es así como las reformas constitucionales permitirán eliminar la corrupción que generaba la deuda política, pues propiciaba una visión clientelar de las organizaciones que dirigían el Estado.
Ahora, los partidos políticos deberán movilizarse y entusiasmar a los votantes para hacer sus campañas electorales. Ya lo venían haciendo, recibiendo un financiamiento privado que, casi siempre, era mayor que el que el Estado les proporcionaba.






