Imagine cómo, uno a uno, los hilos se van uniendo hasta formar un solo lienzo y los colores de cada uno dan paso a diversas texturas y formas que transmiten historias, tradiciones, creencias. Así es «Mujer de fibra», la exposición fotográfica y textil que ha transformado el Palacio Tecleño en un santuario de la tradición textil indígena mexicana.
La muestra, presentada por la Embajada de México en El Salvador, es un homenaje a la resiliencia y creatividad de las indígenas de Cuetzalan, Puebla, quienes han logrado preservar técnicas ancestrales en peligro de extinción.
La exhibición, que estará abierta al público hasta el 21 de marzo, presenta el trabajo de María Cecilia y Acitlali Azucena Ávila Francisco, madre e hija originarias de la comunidad de Yohualichan, quienes a través de tejidos y bordados comparten una historia de identidad, resistencia y conexión profunda con la cultura masewal.
Una de las piezas es el «tencahuipil», una prenda de fiesta tejida con algodón en técnica gasa y decorada con bordados en hilo; otra es el «quechquémitl», una prenda triangular muy antigua que se sigue utilizando en la actualidad.
«Nuestra intención es que no se pierda y tenemos que darlo a conocer, que lo valoren nuestros hijos, es lo que estamos luchando, que todas las familias les dejen esta herencia cultural que traemos como identidad. Es un orgullo también formar parte de una familia que trabaja la artesanía textil desde muchos años atrás, desde el sembrado del algodón y el hilado, hasta la prenda», explica María Cecilia.
Por su parte, Acitlali ha encontrado la forma de combinar el legado de su familia con las ciencias aplicadas, de manera que el arte textil no se pierda, sino que se renueve. «Lo que hago es diseñarlo en computadora y luego pasar a la tela, es una fusión entre tecnología y artesanía al mismo tiempo», dijo.
La sensibilidad y la resistencia de varias generaciones que han trabajado por preservar sus tradiciones ha sido inmortalizada y capturada por la fotógrafa Andrea Fernández Sevilla, quien utilizó el foto bordado como un medio para visibilizar esta difícil labor.
«La idea de hacer esta creación visual es que el espectador se pueda sumergir en las imágenes, que se dé cuenta que no solamente el textil tiene que ver con algo ancestral, sino también un poco de complicidad con lo que todos sabemos hacer, porque el textil es un lenguaje común», dijo.
Las fotografías detallan algunos de los procedimientos que las indígenas utilizan para extraer el algodón, la manera de hilar y de crear telares. Los cuadros, a su vez, han sido intervenidos a mano con hilo de algodón o seda, y en algunos se detalla cómo es la cultura masewal, sus danzas, los atuendos de los danzantes y la forma de cómo involucran a los niños.
La muestra también contará con talleres dirigidos a estudiantes de universidades y a artesanos salvadoreños para fomentar el intercambio de conocimientos y la continuidad de las tradiciones textiles en la región.








Un puente cultural entre México y El Salvador
La exhibición «Mujer de fibra» se complementa con la declaración del gobierno de México de nombrar a 2025 como el Año de la Mujer Indígena.
«Nosotros creemos que el municipio de Cuetzalan, Puebla, es un vínculo natural. Hay una hermandad natural porque es un municipio donde se habla el náhuat y es biodiverso, donde hay cascadas, zonas cafetaleras. Entonces, estos vínculos nos hermanan. Nosotros queremos que la comunidad salvadoreña pueda ver esta exposición de arte y que pueda ver ese reflejo que es una cultura compartida. Hicimos este homenaje porque creemos que debemos de fortalecer estos vínculos entre México y El Salvador», expresó Salvador Barrios Velázquez, cónsul de México en El Salvador.
La exposición se inauguró el pasado 27 de febrero en el Palacio Tecleño de la Cultura y las Artes, donde se presentó a través de un audiovisual a Cuetzalan del Progreso, un pueblo ubicado en la sierra norte del estado de Puebla.
La producción mostró la vida cotidiana en el pueblo, destacando la labor de las mujeres en la preservación de los textiles, la cosmovisión indígena y su profundo vínculo con el territorio.
La población de Cuetzalan está conformada por comunidades indígenas totonacas y nahuas, que mantienen vivas sus tradiciones por medio de rituales ancestrales como la danza de los voladores, que simboliza la fertilidad, la cual fue reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009.
Herramientas utilizadas
Estos son algunos de los instrumentos que utilizan las indígenas para teñir, hilar o crear el hilo.
Jícara: Es una vasija pequeña de madera que se crea de la corteza del fruto de la güira. La dureza y resistencia de su fruto permite realizar cuencos que son utilizados para contener los tintes.
Tintes naturales: Existen pigmentos de origen vegetal que provienen de raíces, corteza, hojas, frutos y flores. También hay tintes de origen animal que provienen del insecto cochinilla y del molusco caracol púrpura.
Malacate: Se utiliza en Mesoamérica desde la época prehispánica para hilar fibras a mano. La mayoría son de cerámica, pero también hay de madera, hueso y otros materiales.
Algodón: Algunas comunidades indígenas de México cultivan variedad de colores de algodón, aparte del blanco. La producción del algodón nativo se encuentra en riesgo por la industrialización y la introducción de algodón transgénico.







