«Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque sobrepasa a las perlas» (Proverbios 31:10). Cita bíblica que hace referencia a la valoración de la mujer, comparándola con una belleza única, y no solo físicamente, sino también espiritualmente, ya que la gracia con la que fue creada es divina, con pureza de sentimientos que nacen de lo más profundo de su ser, por eso encontramos en ella esa fortaleza de hierro, perseverancia tenaz, amor infinito, compasión incomprensible, ternura grande, olvido y perdón, cualidades que solo pueden nacer de la sabiduría del corazón.
Lo cual me lleva a la reflexión en las diferentes etapas y roles que como mujer nos toca vivir o afrontar ante diversas situaciones. Cito entre estos, y traigo a la mente, los momentos difíciles que afrontamos, cuando se pone a prueba la comprensión, la paciencia, el corazón, ante las enfermedades de los hijos o de la familia, también se dan problemas laborales de acoso o de sobrecarga, discriminación o marginación, problemas sentimentales, diferencias conyugales, inconvenientes económicos, entre otros.
También hay situaciones en las que se pone a prueba el ingenio, la creatividad, el esfuerzo, empeño, destreza, inteligencia y esmero para seguir adelante ante los altibajos de la vida. Y cito un pequeño y sencillo ejemplo con el que posiblemente nos identifiquemos: las tareas escolares y esos proyectos colegiales inimaginables de actividades, donde esas manos creativas logran elaborar y cumplir en tiempo y en fecha con los recursos a mano y con lo menos impensable, permitiendo elaborar la tarea escolar en conjunto con los hijos como muestra de responsabilidad y apoyo, y otras labores y situaciones por enfrentar en la vida, donde igual apoyaremos a esos seres queridos, buscando guiarlos, orientarlos, formarlos, para que sean hombres y mujeres de bien, saludables, independientes, productivos, con equilibrio emocional, agentes de cambio, buscando contribuir y formar nuevas generaciones, en los ámbitos personal, familiar, profesional, social, económico, político, etcétera.
Pero también encontramos en ellas belleza emocional, prudencia, mente organizadora y proyectable, sin haber realizado largas horas de estudios académicos; son la base sólida que les permitirá ejercer las diferentes actuaciones que la vida depare, siendo uno de los roles más demandantes y especiales, para el cual no hay método o estilo que lo enseñe todo, como es el rol de madre, iniciando nuestros primeros pasos en el andar guiados de la mano de ese ser especial y que busca estar a nuestro lado ante las diferentes circunstancias que se presenten en nuestro existir, hasta que la vida se los permita. Así son ellas.
Y es que del interior de su corazón nacen diferentes manifestaciones de expresiones sentimentales, como el hecho de brindar bienestar a los demás, ofrecer apoyo, dar compañía, escuchar con atención, mostrar comprensión y dar la fortaleza cuando la situación lo demanda, creando lazos fuertes de sinceridad, verdad, entrega, cualidades cristalinas que solo pueden proceder de lo divino, de ese amor fuerte que la alimenta y le permite continuar ante las vicisitudes que la vida les presenta, ante lo cual solo somos mujeres que debemos continuar.
Recuerda que de la belleza que hablamos no se basa en el último vestuario de moda o el último peinado y arreglado de uñas, o la última tendencia a seguir, o la publicación tecnológica por admirar, ya que la belleza de esa mujer no se compara con la belleza de las piedras preciosas, esa ternura, sinceridad, honestidad, fortaleza, paciencia, tolerancia, perdón y amor, entre algunas cualidades que se pueden citar, que emanan de esa pureza en alma y corazón. Cualidades que sencillamente se nos concedieron bajo la gracia divina de ser mujer, «mujer virtuosa».





