Con el uso de la tecnología, actualmente, encontrar un texto u obtener un libro no es difícil, basta con irte a internet y ordenarle a esa cajita que te busque lo que deseas. Hace más de 500 años, obviamente, nada de eso era posible, pero tampoco era fácil encontrar un libro impreso. Es hasta el año 1440, cuando un alemán inventó una máquina capaz de generar una cantidad, para ese momento, inimaginable de libros y de papel impreso que podría ser adquirido de una manera menos engorrosa.
La creación de la imprenta se le atribuye a Johannes Gensfleisch zur Laden, el verdadero y poco conocido nombre de Johannes Gutenberg, quien decidió cambiarlo porque en alemán significa «carne de ganso». Él creó piezas de metal, encontró la manera de prensar papel y utilizó la tinta adecuada, que de manera conjunta dio paso a una impresión casi perfecta, creada en un menor tiempo.
La invención de la imprenta significó una gran revolución para la humanidad, tanto que este inventó marcó el fin de la Edad Media y dio comienzo a la Edad Moderna.
«El tipo móvil fue como la gran novedad porque si bien los chinos ya podían imprimir, su caligrafía era complicada porque llevaban mucho caracteres, en cambio el alemán es similar al español y había pocos, solo 28 caracteres. La clave de Gutenberg con el tipo móvil fue su reutilización porque eso duró casi 500 años. Aquí en El Salvador los periódicos dejaron de usar la tipografía como en 1,970, desde 1,450 usaban rotativas, pero siempre con las tipografías», explica Francisco Lovo, impresor de profesión y fundador del Museo de la Imprenta.




La imprenta en El Salvador
Después de este invento su expansión no se hizo esperar. El desarrollo de la imprenta en América surgió entre en los siglos XVI y XVII. En Guatemala, la imprenta se instaura de manera definitiva en 1660. En el caso de El Salvador, 20 años antes de establecerse la imprenta en el país vecino se publicó en la ciudad de San Salvador un folleto que lleva el nombre de «El Puntero Apuntado con Apuntes Breves», en 1641. La publicación corresponde al Fraile Juan de Dios del Cid, quien construyó una pequeña prensa con tipos fijos de madera y creó dicho folleto.
La primer prensa rústica llegó al país en 1824, fue adquirida por colecta popular suscrita por los presbíteros José Matías Delgado y Miguel José Castro, quienes editaron El Semanario Político Mercantil que salió el 31 de julio de 1824. Los primeros impresores fueron los salvadoreños Manuel Inocente Pérez y Samuel Aguilar quienes aprendieron el arte de imprimir en Guatemala. Este fue el inicio para que las imprentas comenzaran a expandirse en El Salvador.

La historia en exhibición
En Salcoatitán, Sonsonate, existe un lugar que ha paralizado el tiempo para mostrar uno de los inventos más importantes de la modernidad.
La Germinal Museo de la Imprenta es el único lugar en El Salvador que muestra como si fuese línea de tiempo diversas máquinas que fueron compradas e importadas al país hace décadas por las imprentas que existieron.
Cuenta con una gran colección de equipo, entre sus mayores tesoros se destaca una prensa tipográfica del año 1830 y una de 1860.
De igual manera, se pueden encontrar escritos, colecciones de piezas y una copia en latín de la Biblia de 42 líneas, llamada así por el número de renglones a dos columnas que componían las 1,286 páginas del primer libro impreso con el invento de Gutenberg. Cada Biblia tenía 80 páginas divididas en dos tomos debido al grosor y al tamaño de la letra, de esta se hicieron 200 copias iguales.

El padre del museo de la imprenta en el país
El encargado de darle vida al Museo de la Imprenta en El Salvador es Francisco Lovo. Desde hace 44 años tiene su propia imprenta llamada «La Tarjeta» y su primera máquina de impresión offset, un poco rústica, fue con la cual dio vida al museo.
«Me nació la idea cuando hice un viaje a Estados Unidos bajo la línea de las artes gráficas, una persona amiga me enseña una máquina que tenía él orgullosamente. De allí me vine con la idea de ver si había algo similar en El Salvador», detalla Francisco Lovo, impresor de profesión y fundador del Museo de la Imprenta.
Efectivamente, al regreso comenzó a preguntar entre sus contactos si tenían una máquina antigua. Fue cuando consultó a Manuel Castro a quien describe como «un amigo de bastante de edad, con 96 años», quien lo refirió con Óscar Galán, él había fallecido pero le había dejado el equipo a su hija a quien no vaciló en contactar.
«Esa máquina estaba literalmente enterrada en San Miguel, tuve que escarbar para sacarla. Ella me dijo que con el terremoto del 86 se le cayó la casa y la imprenta quedó ahí, “yo me traje unas piezas, pero aquí donde vivo es un apartamento, para no botarlas las enterré debajo del lavadero”, me dijo. Le pedí la dirección, la fui a ver, las piezas grandes estaban en el terreno, las piezas pequeñas estaban enterradas pero para poder llevármelas todas debía de romper; le pagué dos mil colones y reparé el piso de donde las desenterré. Esa máquina está completa en el museo, es la más antigua que está aquí en el país, tiene casi 200 años, data de 1830», recuerda.
El otro equipo fue recolectado en Usulután. Francisco le consultó a uno de sus clientes si poseía una máquina con las características que él buscaba, « le digo don Romeo usted tiene una máquina de este tipo: “sí, ahí está esa cosa que me hace estorbo, te la regalo, solo tráeme un pedazo de hierro para aplanar y te la llevas”. Es así como conseguí esas dos máquinas antiguas, no existen otras aquí en El Salvador», agrega.
Como estos, cada una de los equipos que conforman la germinal, cuentan una historia de cómo formaron parte de la innovación, pero también guardan una crónica de su viaje hasta llegar a su ubicación actual.
El Museo se creó hace 10 años, en un lugar que para su fundador es ideal dada la cantidad de turistas nacionales y extranjeros que visitan el municipio. Quienes deseen ingresar a la Germinal deben cancelar la módica cantidad de $ 0.50 y a cambio reciben un tour con una guía que les da un repaso breve sobre la historia de la imprenta.
«Mi hijo me ayudó. También estudió diseño gráfico, su tesis la hizo sobre la imprenta de los años 50 a los 80 y eso me sirvió cómo material de información para recolectar historia», indica Francisco.







