El conservador Nasry Asfura asume este martes la presidencia de Honduras con una agenda ligada a Estados Unidos, lo que puede afectar su relación con China, para enfrentar los desafíos económicos y de seguridad del país más empobrecido y violento de Centroamérica.
Su llegada al poder con el apoyo de Donald Trump pasa página a cuatro años de gobierno de izquierda y asegura al mandatario republicano un aliado más en Latinoamérica tras el avance de la derecha en Chile, Bolivia, Perú y Argentina.
Asfura, de 67 años, asumirá el mando en una austera ceremonia en la sede del Congreso, luego de una reñida elección marcada por denuncias de fraude de sus adversarios y la amenaza de Trump de recortar la ayuda al país si no ganaba su apadrinado.

Agradecido por ese respaldo, el exalcalde y empresario de la construcción, de raíces palestinas, viajó a Estados Unidos para reunirse con el secretario de Estado, Marco Rubio, y luego visitó al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
«Tenemos que estrechar relaciones con nuestro socio comercial más importante», dice Asfura, proclamado ganador de los comicios del 30 de noviembre por estrecho margen tras un tenso recuento de votos que duró poco más de tres semanas.

China a revisión
Estados Unidos es el destino del 60% de las exportaciones de Honduras, y tras la cita con Rubio de hace dos semanas se anunció que ambos países proyectan negociar un acuerdo de libre comercio.
«En 2024 (…) lo que le compramos [a China] está cerca de los $3,000 millones» y Honduras no llega a venderles «ni 40 millones», comentó a la AFP la economista Liliana Castillo.
En medio del pulso entre Washington y Pekín, Asfura evaluará retomar los vínculos con Taiwán, Honduras entabló relaciones con China en 2023 bajo el saliente gobierno de la izquierdista Xiomara Castro.
«Hay que analizar los compromisos (firmados con China), qué es lo mejor para Honduras, y ahí buscaremos las mejores decisiones», declaró a CNN.







