Quien intente explicar desde la ideología lo que ocurre actualmente en la política salvadoreña está mirando el fenómeno equivocado. Las decisiones políticas en el ejercicio del poder comprenden el ritmo de las acciones, la selección de prioridades. La forma de comunicar no responde a una matriz ideológica, sino a algo más concreto: cálculo político ajustado al momento.
Cuando la lógica es ideológica, las decisiones son indiscutiblemente predecibles, puesto que siguen una línea respetando un marco preferencial, pues se sustenta en principios; pero cuando la lógica es el cálculo político, las decisiones dependen de la situación política: 1. correlación de fuerzas, 2. nivel de control constitucional, 3. respaldo social y 4. costo político de cada movimiento.
La clave del poder en este caso es formular y contestar la siguiente pregunta: ¿Qué cálculo político hace posibles las decisiones? En este caso la política no está definiendo las acciones desde la esfera de las ideas, sino en el terreno de la capacidad de ejecutar las decisiones con precisión. Intentar explicar el ejercicio del poder de parte de Nayib Bukele desde la ideología es un error de lectura, como está señalado al inicio de esta columna.
El presidente de la república no gobierna desde una doctrina política, gobierna desde un cálculo político permanente, y esa es precisamente la razón de su eficacia. En consecuencia, lo que define su desempeño en el cargo no es una fidelidad a una corriente lógica clásica, de derecha ni de izquierda, sino su capacidad para leer el momento y ejecutar la jugada adecuada dentro de las condiciones existentes. En su estilo y forma de ejercer el poder la ideología no desaparece, pero ocupa un lugar secundario, sirve para construir narrativa para conectar con la población para legitimar decisiones.
El presidente Bukele no actúa como ideólogo, sino como un operador estratégico del poder con capacidad de: 1. imponer dirección del Gobierno, 2. conservar y controlar el poder, 3. ejecutar decisiones en el proceso político, para que el cálculo político se dé en el tiempo real. Es por ello que interpretar para entender el estilo y la forma de gobernar del mandatario exige abandonar la pregunta ideológica, para penetrar en la estructura real del poder y obtener la característica de un ejecutor de jugadas dentro del marco constitucional.
Ese ejecutor de jugada es una expresión conceptual sumamente interesante, porque explica que el poder efectivo reside en que: 1. sabe interpretar el momento, 2. sabe ejecutar dentro del margen del poder las decisiones que corresponden a las circunstancias del momento. En consecuencia, utiliza el marco constitucional como espacio de maniobra ajustando el discurso según el momento político, sustentado en el respaldo del pueblo como soberano nacional.
Este enfoque del primer magistrado de la nación que ha cambiado la naturaleza del poder obliga a cambiar la forma de interpretar el mismo y a la vez a la política, para poder entender qué es lo que está ocurriendo en el país; si no se hace de esta manera, se efectúa de una forma superficial, lo cual implica falta de formalidad, coherencia.
La transformación del sistema político comienza a reorganizarse alrededor del poder dominante y las instituciones del Estado, deja de ser espacio de disputa y únicamente su función es de instrumento de ejecución y se adapta al poder político y la oposición alternativa, y se convierte en acción. Como efecto político de lo planteado, en el centro de gravedad se dispersa y cuando esto ocurre la política deja de ser un eje abierto y se convierte en sistema estructurado dominante.
En el ejercicio del poder el momento llega cuando la realidad empuja la decisión, pero sabiendo leer el momento e identificando cuándo la realidad ha cambiado antes de que lo adviertan.





