Columna D-Signos
Según Mircea Eliade el mito comprendido en las sociedades arcaicas es un relato verdadero, sagrado y significativo, constituyendo una revelación primordial y un modelo ejemplar. Sin embargo, según menciona este autor, es difícil encontrar una definición que encaje con todos los tipos de mitos y sus funciones en todas las sociedades arcaicas y tradicionales. De allí que una de las mejores acepciones es que el mito cuenta una historia sagrada, describiendo una situación que se ha dado en un tiempo primordial.
Otros autores como Jordi Pàmias dice también que no es fácil definir qué es un mito, ya que este tiende a cambiar, sobre todo a partir de su narrativa; abordado desde las escuelas teóricas y científicas del siglo XX en esencia un mito es un relato oral transmitido de generación en generación como las sagas, leyendas o fábulas y que, agregando a lo que menciona Walter Burkert (estudioso de la mitología y religión griega), el mito es un relato oral con relevancia social.
Los mitos tienen la capacidad de permanecer a través del tiempo por no decir, poseen atemporalidad, misma que serviría a la historiografía en la racionalización de estos relatos. Jordi Pàmias menciona que el mito no es el reflejo de un hecho histórico concreto, sino que confluye con otros elementos para reconstruir el pasado. Mitos como el de las Amazonas, mujeres guerreras en torno a una sociedad matriarcal, no representan una imagen de una sociedad antiquísima dominada mujeres, sino el temor más grande de los griegos de la época arcaica de una emancipación femenina que truncara el sistema social patriarcal y androcentrista.
Investigadores como Carlos Brillante dicen que los mitos no son solo una transmisión de recuerdos, sino que ofrecen una visión más amplia desde una perspectiva cultural, y sirven, además, para legitimar estructuras y grupos de poder. En las «Leyes», el filósofo griego Platón habla del rol político-social de estas historias fantásticas que buscaban forjar un buen ciudadano a través de fábulas en que intervenían seres ficticios como las lamias que devoraban a los niños desobedientes con sus nodrizas. Un caso análogo serían los cuentos populares del hombre del saco que se lleva a los infantes que salen de noche a las calles.
Malinowski también menciona la importancia de los mitos en la cohesión político-social, mientras que Joseph Campbell habla de su función pedagógica en la que los mitos refuerzan las creencias, la identidad y la moral de un grupo humano. De ahí la importancia de preservarlos y estudiarlos.
La semiótica, por su parte, es conocida como la ciencia del estudio del signo y se enfoca en cómo los humanos los emplean para comprender el mundo circundante. Analiza el proceso cognitivo completo para entender cómo las personas perciben, interpretan, adquieren y comunican el conocimiento de su entorno.
El signo es todo aquello que hace referencia a algo o que está en lugar de otra cosa. Un signo puede ser una palabra, un sonido o una imagen. Esta última, a su vez, puede ser una representación mental.
Charles Sanders Peirce aborda la cuestión del signo desde triadas, las cuales corresponden a procesos de decodificación mental; Ferdinand de Saussure parte desde la lingüística, como la base de la semiología, enfocándose en la relación entre el significado y el significante; Umberto Eco la aborda desde la cultura y menciona que la función de la memoria no es solo preservar, si no también tirar. De ahí surge la memoria selectiva, la cual determina lo que recordamos.
Julien Greimas, a su vez, aborda la cuestión del signo desde la estructura narrativa, utilizando actantes que representan momentos clave dentro del texto. Los actantes se agrupan en diversos ejes: el eje del deseo (sujeto-objeto), el eje de la comunicación (destinador-destinatario) y el eje de la participación circunstancial (ayudante-oponente). La identificación de los actantes dentro del relato permite comprender la sinergia de estos momentos clave para su interpretación; esto también puede incluir el análisis de otros referentes semióticos, cuyos postulados contribuyen a una mejor decodificación e incluso analizar aspectos simbólicos.
De lo anterior, el estudio semiótico de los relatos tradicionales (que incluyen elementos como el nahualismo, las vírgenes de las aguas, la figura del diablo, las plantas mágicas o los dioses cosmogónicos), son herencia de la tradición oral de nuestros ancestros, permitiendo tener un abordaje de su posible significado desde un desglose sígnico y la cohesión de sus componentes, que abarca la construcción de las historias, el simbolismo de los personajes, la relación sintáctica y semántica de los textos, pero, sobre todo, reafirma lo que se ha mencionado antes: el valor de estos relatos y su rol pedagógico, que refuerza la identidad cultural nacional, ya que son historias que no mueren a través del tiempo, además de ser testimonio de nuestros más profundos orígenes.







