Existe poder en nuestro nombre, existe poder en nuestro apellido; es nuestra marca en este mundo y la huella que dejamos en la tierra. En la película «Gladiador,» ganadora de cinco premios Oscar, incluyendo mejor película del año 2000, Máximo Décimo Meridio, general del emperador Marco Aurelio, se convierte en esclavo y luego en gladiador. Cuando se enfrenta al nuevo joven emperador de facto Cómodo —hijo de Marco Aurelio— dentro del coliseo de Roma, después de una pelea se quita su máscara, con mucha furia, pasión y orgullo revela su identidad real diciéndole: «Mi nombre es Máximo Décimo Meridio, comandante de los ejércitos del norte, general de las legiones Fénix, fiel servidor del verdadero emperador, Marco Aurelio. Padre de un hijo asesinado, esposo de una esposa asesinada. Y me vengaré, en esta vida o en la siguiente». Su nombre tiene poder y significa: «el más grande, el décimo de su familia», y ese es su legado.
Gucci, Prada, Armani, Versace, Valentino, Ferragamo, Fendi, Zegna, Dolce & Gabbana, Carolina Herrera. Ferrari, Maserati, Lamborghini, Porsche, Rolls Royce, Maybach, Aston Martin, Harley-Davidson, Chrysler, Ford, Honda, Suzuki, Toyota, Tesla. Johnnie Walker, Jack Daniel’s, José Cuervo, Buchanan’s, Hennessy. McDonald’s, Baskin & Robin 31 flavors. Johnson & Johnson, Fisher Price, Paul Mitchell, P&G (Procter & Gamble), Hewlett-Packard, Sherwin Williams, Kraft, Harman Kardon, Bose, Galoob. Wells Fargo, Kardashian, Hilton, Marriot, Trump.
Nombres y apellidos que todos conocemos, independientemente de la industria de que se trata: prendas de vestir, moda, vehículos, transporte, comida, bebidas, cuidado personal, tecnología, hogar, juguetes, hotelería, banca.
Con o sin conocimiento, cada uno de nosotros hemos comprado o consumido algunos de los productos y/o servicios arriba mencionados, pero no estamos comprando un producto «per se», estamos adquiriendo un nombre, el legado de una familia.
Nosotros, así como ellos, estamos destinados a dejar un legado, lo queramos o no; pero más allá de un producto o un servicio, de nuestros estudios o trabajo, de nuestros logros y sueños, o del país al que pertenecemos, lo seguro es que todos vamos a parar en el mismo lugar: ancho, 0.80 metros; alto, 0.65 metros; profundidad, 2.50 metros. No nos llevamos absolutamente nada, ni la casa, ni la moto, ni la lancha, ni la moto acuática, ni el avión, ni el helicóptero, ni el vehículo, ni el título universitario; pero claro, dejamos un legado.
Ojalá que ese legado sea el de honrar a nuestros padres, que nuestras decisiones hagan sentir a nuestra familia orgullosa de nosotros, de ser amable, educado, genuino, auténtico, honesto, respetuoso, humilde, ofrecer ayuda sin esperar nada a cambio, de ayudar al más necesitado, ceder el paso, tener empatía, paz, alegría, esperanza, fe y amor en el corazón.
El creador nos dio ese nombre y apellido poderoso para diseñar grandes cosas y construir megaobras en el mundo para dejar nuestro legado.
Yo sé, perfectamente, quién soy, quién no soy, hacia dónde voy y mi legado. Ahora, procedo a la pregunta del examen parcial: ¿Cuál es tu legado?






