El 28 de octubre de 1991 se celebró la primera sesión del Parlamento Centroamericano (Parlacen), en ciudad de Guatemala. En ruta a celebrar los 30 años de ese organismo regional, en octubre del próximo año, es oportuno reflexionar sobre las oportunidades perdidas para que el Parlacen cumpla con el propósito de ser un verdadero motor de la integración centroamericana.
Soy un defensor de la integración centroamericana y del papel que todas las instituciones que la conforman deben jugar para mejorar la calidad de vida de cada uno de los ciudadanos en esta región, pero también soy un ferviente crítico de los países miembros, incluyendo a El Salvador, que han sostenido durante casi tres décadas un sistema deliberativo que no conduce a ninguna vinculación con las legislaciones locales ni ha estado conectado con las realidades.
En pocas palabras, cada uno de los países, durante 29 años, ha estado destinando recursos para que los partidos políticos envíen al «exilio dorado» a personajes que, de una forma u otra, han sido relegados de cargos en la política local.
Me refiero a dos casos concretos: Norman Quijano, de ARENA, y Eugenio Chicas, del FMLN. Quijano es un político que recién acaba de enfrentar un proceso judicial por supuestas negociaciones con pandillas cuando era candidato presidencial en 2014. Solo fue salvado de enfrentar la justicia en los tribunales porque su partido votó en contra de quitarle el fuero que la Constitución le confiere por ser diputado. ¿Tiene de verdad el señor Quijano un repentino y genuino interés centroamericanista o solo busca continuar con fuero?
En el caso de Chicas, es diputado centroamericano en ejercicio, pero su supuesta experiencia política no ha abonado en nada para hacer propuestas concretas en beneficio de los salvadoreños. Pese a ello, su partido lo lleva nuevamente como candidato al Parlacen. Sin duda, a lo largo de la historia de este organismo ha habido más «Quijanos» y «Chicas».
En Nuevas Ideas pensamos totalmente diferente. Nuestro partido tiene la responsabilidad de llegar a cambiar ese organismo y hacerlo funcional. En año y medio de Gobierno, el presidente Nayib Bukele ha dado grandes pasos en temas de integración.
En febrero, el mandatario firmó con su homólogo de Guatemala, Alejandro Giammattei, dos acuerdos: uno de cielos abiertos, que permitirá que los vuelos entre ambos países sean considerados locales, con el propósito de bajar el costo de los pasajes aéreos, y otro que permitiría la construcción de un puerto en el Atlántico guatemalteco para beneficiar el tránsito de mercaderías desde El Salvador hacia mercados internacionales, convenios que han quedado frenados por el impacto de la pandemia, pero no dudo de que ambos presidentes encontrarán el momento oportuno para revitalizarlos.
Otro gesto de vocación regional por parte del presidente Bukele fue el envío de ayuda alimentaria y personal de apoyo en rescates y otras tareas a Guatemala y Honduras, luego del impacto del huracán Eta.
Inspirado por esa vocación integracionista de nuestro jefe de Estado, mis propuestas están encaminadas, principalmente, a reformar el Tratado Constitutivo del Parlacen para que sus resoluciones sean vinculantes y lograr beneficios tangibles en el paso de personas en las fronteras y mercaderías en aduanas.
Además, propondré la homologación de títulos universitarios para beneficiar a profesionales de los países miembros del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) para insertarse en el mercado laboral de cualquier otra nación de la región, sin trámites burocráticos. La pandemia de la COVID-19 nos demostró las dificultades que hubo para que personal médico de un país fuera contratado fuera de sus fronteras, debido la exigencia de requisitos de homologación de títulos.
Otro aspecto de mi interés es que jóvenes universitarios cursen su último ciclo de estudios en otro país del SICA, lo que les brindará nuevas experiencias académicas y, por qué no, oportunidades de empleo.
De mi parte hay más propuestas concretas y conectadas con los salvadoreños, y en otra oportunidad las detallaré. Desde el primer día que me inscribí como precandidato de mi partido, estuve convencido de que el 28 de febrero también la nueva bancada salvadoreña en el Parlacen tendrá un aire fresco, alejada de la caricatura en la que la han convertido los mismos de siempre.





