Las culebras y serpientes, esos escurridizos reptiles que han poblado la Tierra durante miles de años, continúan siendo una fuente de fascinación, pero también de profundos malentendidos y miedos infundados en la cultura popular. Lejos de ser meras antagonistas, estas criaturas desempeñan un papel crucial en los ecosistemas globales.
Históricamente, las serpientes han sido asociadas con el mal, el peligro y la traición. Este legado cultural ha llevado a la matanza indiscriminada de ejemplares que, en su gran mayoría, son completamente inofensivos. La principal amenaza para las serpientes y culebras no es la leyenda, sino la pérdida de hábitat y el miedo.
«Las serpientes, en general, cumplen una función muy importante a nivel ecosistémico, ellas nos apoyan al control de roedores. Al final, nos están beneficiando porque los roedores nos pueden dar muchas enfermedades como la leptospirosis, fiebre tifoidea, así como patógenos que en ellas pueden estar presentes. Ahora bien, podemos decir: “A mí no me gustan porque me dan miedo”, pero recordemos que donde hay basura, hay roedores, donde hay roedores puede haber serpientes. Entonces, podemos empezar con la educación hacia nosotros mismos para evitar estos encuentros», indica la bióloga e investigadora, Monserrath Coto.
Esta especie también puede convertirse en una aliada fundamental para el control biológico de plagas en la agricultura. Al integrarla en los ecosistemas agrícolas, se reduce significativamente la dependencia de pesticidas químicos, promoviendo prácticas de cultivo más sostenibles y ecológicos.
«En México se ha dado mucho esta práctica de liberar serpientes que no son venenosas en zonas de cultivo como controladoras biológicas naturales y ha dado mucho efecto positivo, porque hay menos plaga y los cultivos están más sanos. Es un ejemplo que nosotros podríamos seguir», agrega.
El próximo encuentro con una culebra no debería ser un motivo de alarma, sino una oportunidad para apreciar una de las formas de vida más adaptables y esenciales del planeta. Recuerde su rol irremplazable en la naturaleza. No son criaturas malvadas ni agresivas, sino eslabones vitales de la cadena alimentaria que merecen respeto y protección.
También tenga presenta la regla de oro: si encuentra una serpiente, mantenga la distancia, no la moleste, y déjela ir. En la mayoría de los casos, la serpiente estará tan ansiosa por evitar el contacto como usted.
Mitos y conservación
El miedo a las serpientes es una de las fobias más comunes (ofidiofobia). El riesgo real a menudo se magnifica, pero recuerde:
La mayoría son inofensivas: Buena parte de las serpientes no son venenosas y son beneficiosas para el ecosistema. En El Salvador, de todas las culebras que existen solo un 15 % son venenosas.
Atacan por defensa: Las serpientes no cazan humanos. Los incidentes ocurren casi siempre cuando una persona las pisa accidentalmente, las toca o intenta manipularlas. La serpiente muerde en defensa propia.
Cruciales para el control de plagas: Al devorar ratones, ratas y otros roedores, evitan la propagación de enfermedades y protegen los cultivos.
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Cómo reacciona una serpiente antes de morder
Antes de cometer alguna mordedura, estos reptiles suelen advertir a la persona que se siente incómoda o amenazada; sin embargo, el desconocimiento hace que el humano entre en su zona de defensa.
Zona de decisión: La serpiente detecta presencia y decide huir o permanecer inmóvil.
Zona de evasión: La serpiente usa defensas visibles para alejar al humano sin confrontar.
Zona de defensa: Percibe amenaza directa y se defiende tras fallar sus evasiones.

LA BIÓLOGA QUE DESAFÍA EL MIEDO
Monserrath Coto es una bióloga por profesión y pasión. Su interés por la herpetofauna (anfibios y reptiles) no surgió de un contacto directo con grandes mascotas, sino de una necesidad familiar: «Mi mamá es alérgica a los pelos, entonces lo único que podíamos tener en casa eran tortugas», relata.
Tras estudiar biología, identificó a las serpientes como los animales más incomprendidos y vulnerables en El Salvador, siendo blanco de miedo y persecución. «Tuve la oportunidad de participar en la categorización de especies amenazadas y en peligro con el Ministerio de Medio Ambiente, con herpetofauna, y determinamos que todas las serpientes deberían de estar en la categoría de amenazadas porque quién en nuestra sociedad no quiere hacerle daño a las serpientes por el mismo miedo», comparte.
Su tesis se enfocó en establecer un laboratorio de serpientes y en estandarizar protocolos cruciales, como la extracción y liofilización de veneno.
Estableció el primer serpentario en la Universidad de El Salvador, estandarizó protocolos y colaboró con el Centro Toxicológico para identificar los envenenamientos y mordeduras.
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