El aprendizaje y los procesos educativos son mucho más efectivos en ambientes ordenados, ya que en los primeros años es cuando se forman el carácter y los hábitos que van a acompañar a una persona durante toda su vida.
La construcción de la personalidad de un niño empieza desde muy temprano y se va reforzando en sus primeros años.
Inculcar en una persona hábitos higiénicos, prácticas saludables, orden y buenas costumbres es algo que permanecerá a lo largo de todo su desarrollo y en su vida de adulto.
Sin embargo, lo que vemos en el día a día es el resultado de muchos años de negligencia, tanto de quienes administraron el Estado durante varias décadas como de instituciones, tales como la familia, la escuela e incluso organizaciones religiosas.
A medida que las normas de conducta se volvieron laxas y la tolerancia ante las faltas disciplinarias fue algo común, la sociedad empezó a experimentar un deterioro que se fue afianzando de manera progresiva.
Cada vez se hizo más común que actos de intolerancia en la vía pública desembocaran en hechos violentos o incluso en muertes. Incidentes que pudieron haberse resuelto fácilmente con el diálogo o con guardar medidas de cortesía se convirtieron en detonantes de tragedias.
Al respecto, la teoría de las ventanas rotas sostiene que los signos de desorden y abandono, como una ventana rota que no se repara, fomentan un entorno que invita a la criminalidad y al deterioro social. Si nadie repara la ventana, se interpreta como una señal de que a nadie le importa el vecindario, lo que puede llevar a que se rompan más ventanas y se cometan delitos más graves.
Esta teoría fue desarrollada por los criminólogos James Q. Wilson y George L. Kelling, en 1982. Se aplicó en Nueva York en la década de 1990 bajo una política de tolerancia cero, logrando una reducción significativa en la delincuencia.
Aplicado eso en función de la sociedad salvadoreña, los pequeños descuidos que se fueron tolerando a lo largo de décadas —como el abandono del trato respetuoso hacia los adultos mayores o el orgullo de esforzarse en la escuela— terminaron generando las condiciones de convivencia ciudadana.
Crear un nuevo tejido social, reparar el dañado y generar orgullo nacional tiene que empezar desde la base, y eso es la escuela y todo el sistema educativo.
Eso es parte de la transformación del nuevo El Salvador que el presidente Nayib Bukele emprendió y que ya dio frutos en seguridad.





