Cuando en el mundo se hablaba de El Salvador era para dar malas noticias: una guerra fratricida, pandillas que controlaban todo el país y políticos corruptos. Sin embargo, ahora la historia es otra. El Salvador es sinónimo de seguridad, innovación y transformación. Y todo eso sucedió gracias al éxito de las políticas del presidente Nayib Bukele.
Con la guerra contra las pandillas todos ganamos. Al enviar a prisión a más de 80,000 integrantes y colaboradores de pandillas, las familias salvadoreñas conocieron por primera vez lo que era vivir en verdadera paz y tranquilidad. Dejaron atrás décadas de asesinatos a cualquier hora del día o de la noche, las extorsiones, los robos, el descarado tráfico de drogas en las comunidades.
Poco a poco, barrios enteros volvieron a la vida. El mismo Centro Histórico de San Salvador, que se convertía en un pueblo fantasma después de las 6 de la tarde (donde todos buscaban, frenéticamente, salir de la ciudad para evitar caer en manos de los criminales, los verdaderos amos durante esa época oscura de la historia nacional), ahora es un lugar animado, hermoso y muy visitado. De hecho, durante la semana pasada era común encontrar vehículos con placas hondureñas aparcados en todos lados, disfrutando de la capital salvadoreña durante su feriado, la Semana Morazánica.
Que Google se haya instalado en el país como sede para la región centroamericana es el ejemplo más visible de cómo El Salvador atrae a los grandes de la industria. La innovación de empresas nacionales está en su punto más alto y atrae la atención y el interés de otras compañías del continente, que se animan a conocer cómo un Gobierno apostó por este sector a través de leyes acordes a los tiempos y beneficiosas para las nuevas inversiones.
Ayer se inauguró el Surf City Longboard Championship 2024, el torneo internacional que reúne a los 16 más grandes surfistas del planeta para competir por el campeonato mundial. Todos esos atletas de primer nivel reconocen en el país las condiciones no solo para practicar el deporte que aman, sino también para vacacionar, para disfrutar en familia en la playa, pero también las montañas y la rica cultura.
Gracias a todas estas estrategias y políticas, El Salvador ha reducido significativamente el índice de riesgo país, porque ha demostrado que es un buen lugar para invertir, para vivir, para disfrutar de la naturaleza o para conocer el legado de culturas precolombinas.





