Ayer la ministra de Educación, Karla Trigueros, envió una carta a los directores de las escuelas públicas para establecer las medidas disciplinarias para el ingreso de estudiantes a los centros educativos.
Estos lineamientos de comportamiento muestran una clara apuesta por restablecer el orden y la disciplina en los centros de estudio como la base para educar a mejores ciudadanos.
Desde mañana, en la entrada de las escuelas se verificará que los estudiantes asistan con su uniforme limpio y ordenado; además de que lleven un corte de cabello adecuado y una presentación personal correcta. Los jóvenes deberán ofrecer un saludo respetuoso, según se establece en la comunicación.
Algo muy importante es que los directores, o directoras (según sea el caso), son los primeros llamados a cumplir estas disposiciones. «Son los primeros responsables de dar cumplimiento a estas disposiciones, asumiendo su rol como modelos de orden y disciplina para estudiantes, docentes y personal administrativo», señala la comunicación institucional.
Lo que estamos viendo es el inicio de un proceso de cambios conductuales que mejorarán cualitativamente la sociedad. ¿Cuántas veces no hemos visto con admiración videos de niños asiáticos que son ordenados y disciplinados? Estos pequeños son amables, diligentes y respetuosos porque su sociedad los ha formado de esa forma.
Un cambio como este requiere no solo el involucramiento de los directores, sino también de los maestros y los padres y las madres de familia. Acompañar los cambios requiere que los niños, si bien tienen que hacerse responsables, cuenten con el apoyo de sus tutores, que deben involucrarse activamente en la educación formal y conductual de sus hijos.
Muchos de los males actuales de los que adolece nuestra sociedad se originan en la desidia con la que gobiernos de hace unas décadas trataron la educación pública. En la medida que las escuelas dejaron de pedir disciplina, orden y diligencia, los jóvenes empezaron a perder el respeto a las autoridades.
Sin lineamientos firmes, muchos jóvenes fueron presas fáciles de organizaciones criminales como las pandillas. Ya el Gobierno del presidente Bukele ha demostrado que no permitirá el surgimiento de nuevas agrupaciones similares a las maras. Ante cualquier señal peligrosa, la respuesta ha sido contundente.
«Para construir El Salvador que soñamos está claro que debemos transformar por completo nuestro sistema educativo», escribió ayer en las redes sociales el presidente Bukele. Y esa transformación comienza con pequeños pero decididos pasos.







