Completó los fondos que necesitaba para comprar su vivienda en Sonsonate y espera abrir un laboratorio clínico en el municipio de Santa Isabel Ishuatán. Estos son algunos logros de la salvadoreña Ángela del Rosario Rivera después de haber sido contratada en la procesadora de mariscos Silver Bay Seafood, en Alaska, Estados Unidos.
La sonsonateca agradeció al Programa de Movilidad Laboral, del Ministerio de Relaciones Exteriores, y a la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), de la cual fue reclutada para viajar de manera legal y ordenada hacia Estados Unidos durante dos meses.
La enfermera de profesión trabajaba en una clínica privada del departamento del occidente del país cuando fue seleccionada por Silver Bay Seafood para laborar en el área de filete de junio a agosto del año pasado. Aunque nunca había tenido experiencia en la limpieza y el empacamiento de mariscos, Rivera puso todo su empeño en el trabajo de 16 horas, los siete días de la semana, que incluso fue nombrada la empleada de junio.
Los cuatro jefes de la sección coincidieron en que su mano de obra era única. Además, elogiaron su agilidad para aprender los procesos de cada área. De acuerdo con Rivera, quienes más destacan en esos trabajos son los filipinos, por lo que para ella fue un éxito ser una de las latinas con ese reconocimiento. «Fue muy emotivo ver mi foto en las pantallas de todas las instalaciones en medio de los filipinos. Me sentí orgullosa. Estoy lista para regresar otra temporada», manifestó Rivera, y agregó que se cumplió todo lo que les habían prometido.
Con esa sorpresa, un bono de $300 y su sueldo, pudo reunir los fondos para pagar su vivienda. Al volver a El Salvador y asesorada por personal de cancillería, su próxima apuesta es inaugurar un laboratorio clínico en el municipio donde creció. Pero para Rivera no solo se trata de invertir en un nuevo proyecto de vida, sino ayudar a sus vecinos y amigos, pues, aunque en Santa Isabel Ishuatán hay clínicas privadas y públicas, los pacientes deben de viajar al centro de Sonsonate para tener acceso a un laboratorio y hacerse exámenes.
Necesita una inversión de $10,000, de los que ya tiene una parte. «El programa le cambia la vida a uno, lo recomiendo a todas las personas. Gracias a la gestión del Gobierno y a la empresa por la oportunidad», dijo.
INVIERTE EN SU TIENDA DE COMESTIBLES Y ROPA
Dinora Gaitán García, de 31 años, describió que haber participado en el Programa de Movilidad Laboral de cancillería ha sido una «excelente experiencia», porque aprendió sobre el proceso de empacado de pescado en Alaska.
Su presupuesto fue destinado para sus negocios de ropa y una tienda de comestibles en el cantón San José, en Jiquilisco, Usulután. También hizo varias reparaciones en su domicilio. García había trabajado en la agricultura y otros negocios, y cuando conoció sobre el proyecto, decidió postularse. «Le doy gracias a Dios por permitirnos formar parte del programa y estamos esperando que nos vuelvan a llamar para seguir trabajando», expresó durante el encuentro de más de 100 salvadoreños.
El Ministerio de Relaciones Exteriores se encarga de asesorar a los participantes para que administren mejor sus recursos. La usuluteca se inscribió a las clases de inglés que dispuso el Instituto Salvadoreño de Formación Profesional (Insaforp) para todos los retornados del programa.









