El puerto colombiano de Necoclí, el primer punto de entrada a la peligrosa ruta migratoria que atraviesa el Tapón del Darién, en busca de llegar a Centroamérica con destino a Estados Unidos, ha visto una notoria reducción en el flujo de viajeros.
Las lanchas, el pueblo y algunas de sus playas, donde los migrantes llegaban tras muchos kilómetros de recorrido desde sus países de origen, están prácticamente vacías.
El flujo constante de migrantes de todo el mundo que llegaban a este punto con la intención de atravesar esta peligrosa selva, llena de ríos y montañas impenetrables, se vino abajo hace semanas, dice Víctor Gómez, dueño de una barcaza que se encargaba de llevar a los migrantes hasta Acandí y Capurganá, las dos localidades colombianas que sirven como puerta de entrada al Darién.
«El tema de la migración ha venido bajando considerablemente. El telón de fondo es Trump, por las políticas que ha venido estableciendo. Igual como lo hizo en el primer período presidencial, pero la migración no se va a acabar», dijo Gómez a la Voz de América, mientras alista su lancha para salir hacia Acandí con un solo migrante a bordo y algunos turistas.
«Lo cierto del caso es que ahorita estamos viviendo una realidad donde ha habido un bajón, yo he dicho que de un 95 %», cuenta.
Buscan parar migración irregular
Desde su primer día de regreso a la Casa Blanca, el presidente Donald Trump prometió poner en marcha el mayor operativo de deportaciones masivas de migrantes irregulares, firmando una serie de órdenes ejecutivas con la intención de deportar a más de 11 millones de personas que no cuentan con estatuto legal.
El viernes, la principal funcionaria del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, llegó al centro de detención de la bahía de Guantánamo para visitar la base naval estadounidense en Cuba, un día después de enviar un segundo vuelo de «extranjeros ilegales de alta amenaza» para que fueran retenidos allí.
Los funcionarios de Seguridad Nacional dijeron que los 10 inmigrantes que llegaron el martes eran miembros del Tren de Aragua, una pandilla venezolana con alcance transnacional.







