Asegurar la estabilidad emocional de hijos e hijas y la capacidad de sentirse amados es esencial cuando una separación, divorcio o la muerte de la madre convierte al progenitor en papá soltero.
Esta condición convierte en un gran desafío lograr que niñas y niños se sientan protegidos, valorados y vivan en un ambiente libre de conflictos.
«Para que un niño se sienta seguro necesitará que el afecto sea mostrado. Abrazos, besos, caricias, palabras como sos importante para mí, te quiero, te amo. Y generar un ambiente seguro, libre de discusiones, libre de peleas donde ni el cansancio ni el estrés se vean reflejados tanto en su rostro», expresó Vicky Mirón, psicoterapeuta de la Clínica Psicológica Salud Integral Profesional (SIP).
Además de mayores exigencias económicas, el padre se enfrenta al reto de explicar por qué mamá ya no está presente.
«En una separación que falte mamá no sería complicado si hubiera una buena explicación de por qué se separaron. Los niños tienden a culparse de todo lo que pasa. Entonces, cuando hay separaciones, ellos tienden a creer que es culpa de ellos y que tienen que hacer algo para poder realmente lograr que vuelva mamá o superar el miedo al abandono. Entonces, le tocará a este papá explicar, estar cerca, estar ahí siempre para garantizar esa seguridad en los niños. Esa seguridad que son amados, aunque no esté su mamá», explica Mirón.
Estabilidad emocional del padre
Pero, para crear un buen ambiente en casa, el padre debe también estar en buena condición emocional. “El papá tiene primero que garantizar el estar bien. Y no es tanto que no le pasen problemas, eso pasará, sino que él haya visto a lo interno, qué cosas debe sanar y desde ahí ya estar listo para ser papá”, considera la profesional, quien agrega que en estas circunstancias se requiere mucha madurez.
Para la psicoterapeuta, el tema de la salud mental es indispensable. «Hago énfasis en este tema del papá porque implica […] que ando cargando mi historia y debo sanar para no repetir lo mismo con mis hijos. Será un papá según lo que los hijos necesitan y
en ese sentido los niños y niñas necesitan siempre un padre que esté para escucharlos».
A juicio de la profesional, el problema no es tanto que los adultos estén separados, sino la manera cómo gestionan esa separación y de cómo asimilar que no está una de las dos figuras en casa. Tampoco puede pretender el padre sustituir el rol de la madre.
«Él tendrá que entender que a los niños les hará falta mamá, la extrañarán, expresarán que se sienten tristes, entonces estar ahí, para ese papá, significa incluso venir y decir que sí está bien que la extrañen, que entiende que se sientan tristes y eso significa validar las emociones de los niños”.
Riesgos de nuevas parejas
Aunque es una opción del padre establecer una nueva relación sentimental, debe sanar primero internamente para garantizar una buena elección para él y sus hijos, sobre todo evitar que haya un nuevo fracaso donde quede lastimado nuevamente y esto afecte otra vez a los hijos.
«La base de la salud mental en este papá soltero es sumamente importante porque un papá que tiene salud mental; es decir, que tiene un equilibrio, que está sanando en el interior toda su historia probablemente tenga relaciones seguramente más sanas, no conflictivas con sus parejas, y por ende establecerá relaciones garantizando que la otra persona sea también con salud mental”, añade.
Caso contrario, asegura la especialista, el padre podría establecerá relaciones conflictivas que obviamente se extenderán al resto de la familia.
«Estar en medio de una relación de pareja conflictiva no va a garantizar esa seguridad de la que hemos hablado. No es cuestión de solo decir me enamoré y vamos a tener esta relación. En todo esto el riesgo es que los niños que ya han vivido una separación o que sus papás estén separados e incluir otra pareja en la relación puede derivar en que sino funciona la relación, los niños reexperimentarán el abandono y sobre todo si han estado cerca de la nueva persona», insiste la profesional.
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«Me tocó cuidar de mi hijo desde los siete meses de edad»
Al desintegrarse el hogar por diferentes problemas, Antonio Amaya, debió cuidad de su pequeño hijo. Esta es su historia.
Luego de enfrentar intensos problemas de pareja, Antonio Amaya y su compañera de vida decidieron poner fin a la relación cuando el bebé de ambos apenas tenía siete meses de edad. Aunque parecía que la madre tomaría la responsabilidad de cuidar al niño, ella no tuvo mayor oposición a dejarlo al cuidado del padre.
“No sé si fue post parto o fue estrés, no sé qué fue el cambio radical que ya no era soportable estar en esa relación. Y como no hubo mucha objeción en el cuido del niño, me quedé con él”, recuerda Amaya. El joven ahora tiene 20 años de edad.
¿Cómo fue esa experiencia?
No fue fácil tener un niño de siete meses por el tema de amamantarlo o en las noches que es la edad en la que tiene que estar con la mamá. Cariño no le ha faltado, amor no le ha faltado, porque lo tiene de mi parte, aunque yo sé que no es lo mismo de un papá, que la mamá, pero ahí lo sobrellevamos. Yo creo que los dos hemos llevado ese momento. Me he sentido feliz como papá por ver cómo crecía, lo que hacía, cuando aprendió a caminar, sus primeras palabras. Todo eso creo que me llenaba de empuje a pesar de todo lo que había. Nunca me sentí agobiado y decir ya no puedo más, al contrario, llegaba temprano del trabajo a mi casa porque sabía que mi niño me esperaba.
¿Cómo fue el proceso de explicarle que mamá no estaba?
Es duro pero, gracias a Dios, estuvo mi mamá en esa pequeña parte. Yo no le decía no ella no es tu mamá, y aquí los vecinos y algunos parientes también me ayudaron mucho en eso. Entonces, ella (la abuela) fue parte fundamental. Sin ella, creo que no pude haber sobresalido en todo porque a pesar que yo le pagaba a alguien para que me lo cuidara en el día mientras yo trabajaba, habían ocasiones que no llegaba y entonces a ella le tocaba cuidarlo. Eso me ayudó a que él no sintiera ese alejamiento de mamá porque para él su abuelita es su mamá”.







