A sus 19 años, Katherine Belinda Castellanos está viviendo uno de los mejores momentos de su juventud, luego de decidirse, según sus palabras, a salir de su zona de confort y retarse a hacer algo diferente para romper barreras mentales.
El pasado sábado, Belinda fue elegida y coronada reina del carnaval de San Miguel. La representante del barrio San Francisco, familiarizada con los escenarios gracias a su pasión por el baile, decidió demostrar todo su potencial en modelaje, oratoria, porte y distinción, que le permitió obtener el triunfo.
«Realmente me siento orgullosa porque sé que soy la voz de un pueblo lindo, de personas que tienen bastante esencia. Ser migueleña y representar a todos los migueleños es un privilegio, porque el carnaval de San Miguel no es solo una celebración, es un legado que han construido muchas generaciones, que representa nuestra identidad como migueleños y salvadoreños. Me siento muy honrada», expresó la reina del carnaval.
Actualmente cursa sus estudios como tripulante de cabina, y espera continuar con una segunda carrera en Licenciatura en Negocios y Relaciones Internacionales en una universidad en la zona oriental.

Señaló que como reina «quiero inspirar a los jóvenes a seguir sus sueños, hacer una mejor versión de sí mismos, a crecer como personas. También me gustaría dedicarme a visibilizar causas relacionadas con la salud mental, así como apoyar en el desarrollo las diferentes expresiones artísticas en el país; además de trabajar con la alcaldía por la niñez y la adolescencia», señaló.
Se describe como una persona tímida, pero que, en silencio, soñaba con portar la corona anhelada por las jóvenes migueleñas. Entre inseguridades y miedos recibió el apoyo de una persona que se convertiría en su ángel guardián.

«Adelio Castro [organizador de eventos fallecido hace unas semanas] fue una de las personas que casi siempre me había pedido que llegará a las convocatorias. Cuando me decidí, él siempre me estuvo apoyando para empezar a hacer una versión un poco distinta, pero mejorada de mí; porque ya no solo era la niña tímida, empezaba a hablar más, a aprender oratoria, pasarela, y todo eso», contó Belinda.

La corona que le entregaron tiene un torogoz en el centro y en ambos lados sobresalen cinco flores, 10 en total, elaboradas con cristales de color rosa que representan las flores del maquilishuat.







