Desde que las fuerzas del orden reforzaron su control en casi 300 colonias de Soyapango, los distribuidores ruteros y los repartidores de comida a domicilio han vuelto a ingresar a colonias como La Campanera y la Guayacán donde no lo hacían por temor a las pandillas.
La mayoría de los repartidores que distribuyen golosinas, agua embotellada, pan dulce, productos lácteos, harinas, boquitas, entre otros productos han vuelto a surtir las tiendas en dichas colonias.
Ha ocurrido lo mismo con los repartidores de comida a domicilio como pizza, pollo, hamburguesas, comida mexicana y china que dan fe que en la mayoría de las colonias de Soyapango existe un clima de seguridad que ha dinamizado la actividad comercial desde que el presidente de la república, Nayib Bukele, ordenó a las fuerzas del orden proteger la vida de la población honrada y poner tras las rejas a los criminales.
«Diario El Salvador» hizo un recorrido por La Campanera y la Guayacán donde constató lo expresado por los comerciantes ruteros respecto a la tranquilidad con la que hoy trabajan. La población, por su parte, coincidió con los repartidores, pues afirman que las condiciones de seguridad que ahora viven son totalmente diferentes a las que había cuando gobernó ARENA y el FMLN.
MAREROS EXIGÍAN $50 MENSUALES
Lo que más agradecen los repartidores de comida y distribuidores de productos es que dejaron de pagar la extorsión a los pandilleros, pues en la mayoría de los casos ese dinero era el que les quedaba de ganancia, propina o ingreso extra después de una jornada de trabajo.
«Nos cobraban renta (extorsión) de $50 mensuales para ingresar a las colonias a dejar mercadería; en diciembre pagábamos $100, ese dinero salía de nuestro bolsillo», dijo un repartidor.
El comerciante detalló que al cierre de cada día ni siquiera la empresa para la cual trabajaba le reconocía el dinero que obligadamente le entregaba a los mareros para que le permitieran ingresar a las colonias, so pena de ser asesinado.
«Ese dinero que antes le entregábamos a las pandillas ahora lo destinamos para nuestras familias», dijo el trabajador.
UN AÑO SIN SER EXTORSIONADO
Otros repartidores consultados por este medio aseguraron que los cambios en seguridad iniciaron con la puesta en marcha del Plan Control Territorial, pero que estos se profundizaron cuando el presidente Bukele ordenó que se implementara el régimen de excepción y los cercos de seguridad.
«Es algo que tenemos que agradecerle al presidente Bukele, porque gracias a él es que hoy podemos decir que trabajamos en paz sin la amenaza que los bichos (mareros) nos exijan renta (extorsión)», opinó Oscar, un distribuidor.
La fuente agregó que la presencia de policías y soldados no solo les genera tranquilidad a ellos, sino que también a sus familias. «Mi esposa siempre me decía que tuviera cuidado; ahora pasa menos preocupada, incluso hasta por nuestros hijos adolescentes», comentó.
Otro problema al que se exponían los ruteros era que no podían ingresar a colonias de Soyapango donde los pandilleros eran «estructuras rivales» a las de su lugar de residencia, pues de lo contrario los privaban de libertad.
«Pedían el DUI y si miraban que uno venía de una colonia “rival” ahí mismo se lo llevaban. Gracias a Dios eso se terminó», relató un distribuidor.
La fuente detalló también que cuando las ventas estaban malas eran obligados por los mareros a entregarles productos, el pago de esta mercadería a las empresas salía del bolsillo del trabajador.
«Se puede imaginar, llegar a la casa sin dinero, con el asedio de las pandillas y sin cubrir la meta (de ventas) era decepcionante», fue la manera en cómo describió este comerciante aquellos días de inseguridad.











