El papa Francisco destacó en reiteradas ocasiones su vínculo con «Teresita», Teresa de Lisieux, la santa a la que siempre acudía para pedir gracias y a cuya intercesión confiaba sus dificultades. Tanto fue su vínculo que una rosa blanca sobre su tumba recuerda su devoción por santa Teresita del Niño Jesús.
«Franciscus», su nombre de papa en latín es la única inscripción en la lápida de mármol, procedente de la región italiana de sus abuelos. Una copia de la cruz del buen pastor, que siempre lucía en el pecho, corona el conjunto. También una rosa blanca reposa sobre la lápida de mármol de la basílica de Santa María la Mayor.
Según el medio «Vaticano News», Francisco siempre contó que con la mística carmelita confiaba un problema, pidiéndole «no que lo resolviera, sino que lo tomara en sus manos y me ayudara a aceptarlo». Como «señal» recibía la flor. Así ocurrió también durante su hospitalización en el Gemelli.
Igualmente, al inicio de su pontificado, en septiembre de 2013, cuando convocó una vigilia de oración en la Plaza de San Pedro por la paz en Siria, «se leyeron fragmentos de la poesía de santa Teresa de Lisieux, y el papa Francisco, de regreso a Santa Marta, recibió como regalo sorpresa una rosa blanca recogida por uno de los trabajadores en los jardines vaticanos», se lee en el medio.







