La ciudad de Santa Ana es reconocida por su centro histórico, por la producción de café, el Club Deportivo FAS o la gesta de Los 44, entre otras cosas, y también por ser la cuna de los únicos y verdaderos panes chucos o panes mataniños, que se pueden encontrar prácticamente en cualquier esquina de la Ciudad Morena.
Fuera de los centros educativos de cualquier nivel, en paradas de buses, en parques, en el centro, en el estadio y en cada barrio o colonia, los carretones de panes chucos son parte del día a día.

Los hay de mortadela y carne de soya, pero la forma de prepararlos que cada comerciante de los panes chucos le da, con distintos aderezos, brinda ese toque especial y único que hace una delicia a esta parte de la gastronomía santaneca, que es buscada como aperitivo o comida formal, ya sea para el desayuno, el almuerzo o la cena.
Sin tanta ciencia, este alimento consta de un pan francés relleno con mortadela o carne, acompañado de repollo y diferentes aderezos como mayonesa, mostaza, salsa de tomate y otros de creación del vendedor que les dan el toque personal a sus panes, como salsas picantes o cebolla curtida, al gusto del cliente.

Una de las ventas es la del Chele Fredy, en la 6.ª avenida sur, entre la 7.ª y 9.ª calles poniente, uno de los más demandados, en el que la venta más fuerte es en la mañana, al punto que antes de las 11 ya se ha terminado.
«Santa Ana es cuna de los panes chucos, y aquí en panes El Chele le tenemos los mejores de Santa Ana, no se pierdan de probar esta delicia de la Ciudad Morena», dijo Nelson Regalado, cuyo padre inició la venta de panes hace más de 35 años.

Cada vendedor de panes chucos tiene su propia anécdota; como José Aguilar, Panito Jr., quien aseguró que un cliente que se comió 30 panes en una sola sentada.
Los panes también se han convertido en un producto nostálgico para los santanecos en el exterior y no es raro que los vendedores preparen envíos especiales para llevar a Estados Unidos, para que los compatriotas degusten los panes chucos.







