«Hay millones de técnicas y no tengo abuelos a quienes preguntar. Tenemos que arreglárnoslas», explica a AFP Lena Magnergård, de 64 años, mientras recorre las cortas hileras de viñedos en la finca de Selaön, a una hora al oeste de Estocolmo.
Magnergård, otrora empleada en comunicación política, creó este viñedo en 2019 junto a su esposo agricultor Erik Björkman, en la granja familiar. Según ella es el viñedo más septentrional de Suecia.
Aunque pudieron producir su primer vino hace tres años, esta sumiller de formación admite que, con sus aproximadamente 1.000 pies de viña, todavía están aprendiendo.
«Se pueden leer libros pero es muy diferente del conocimiento de una generación», subraya, explicando que se orienta hacia Francia y su tradición vitivinícola para su aprendizaje.
En su opinión, el surgimiento de explotaciones vitícolas en el norte de Europa se debe en gran parte al desarrollo de nuevas variedades de uva en los años 1960-1970, como la solaris, creada para resistir enfermedades y que ella cultiva en su finca.
Soporta el frío
La variedad solaris «necesita menos tiempo entre la floración y la cosecha, y soporta muy bien el frío», explica. Una combinación adaptada a los países nórdicos, donde los veranos son más cortos y fríos.
Más al sur, en la península de Bjäre, esta variedad también domina las 11 hectáreas de Thora Vingård, un viñedo creado en 2015 por una pareja sueco-estadounidense. Pero la finca también alberga cepas más populares, como el pinot noir, más sorprendente en estas latitudes ya que requiere más calor.
«No esperábamos que hubiera tantas variedades que prosperaran», admite Romain Chichery, viticultor francés asociado desde hace tres años con su colega Emma Berto. «Una vez analizados los datos climáticos nos dimos cuenta de que había potencial para muchas variedades», añade.
Para este enólogo de 27 años, Suecia, es «un nuevo terreno de juego».
Su superficie cultivada está en constante desarrollo y hasta convencieron a un agricultor vecino de plantar en abril 200 pies de viña, además de su explotación lechera.
Este joven entusiasta admite sin embargo que «para la calidad todavía queda trabajo por hacer».
El cambio climático, que impacta en las vendimias en las tierras vinícolas tradicionales, lleva a los profesionales a mirar cada vez más al norte.
En Suecia aún no hay denominación de origen y el sector cuenta solo con una cincuentena de aficionados.
«Somos libres de hacer lo que queramos. Si quiero fabricar un tinto dulce, puedo hacerlo», explica Chichery.
Según la organización Svenskt Vin, en Suecia se cultivan 200 hectáreas, el doble que hace cinco años, pero es una ínfima gota en comparación con las 800.000 hectáreas de viñedos franceses.







