Como periodista he estado en El Salvador, un país de América Central, en tres ocasiones. Al principio cada vez que escuchaba el nombre «Salvador», siempre pensaba en Salvador de Bahía, la capital del estado de Bahía, en el noreste de Brasil. Sin embargo, El Salvador, en América Central, es un lugar completamente diferente.
El año pasado viajé por negocios a El Salvador en tres ocasiones y pude sentir profundamente que la situación de seguridad en el país está mejorando gradualmente, avanzando en la dirección correcta hacia el desarrollo. Este cambio no ha sido fácil.
Mi conocimiento sobre El Salvador provenía principalmente de los informes de los medios occidentales. En dichos informes el país a menudo se asocia con noticias negativas, como «disturbios en las cárceles», «delitos violentos» y «traficantes de drogas desenfrenados». Sin embargo, luego de tres visitas de campo descubrí que la realidad es muy diferente de lo que estos informes retratan.
Resido en São Paulo, Brasil, donde la situación de seguridad es preocupante. En las calles de São Paulo apenas me atrevo a usar mi teléfono móvil y trato de evitar salir por la noche. Sin embargo, en San Salvador, la capital de El Salvador, la situación es completamente diferente. Allí puedo usar mi teléfono móvil con tranquilidad en la calle y me siento seguro al salir a dar un paseo después de cenar. Esto es solo una muestra del notable avance en la seguridad en El Salvador.
Durante mi viaje de negocios a El Salvador, muchos lugareños compartieron conmigo las dificultades que el país ha atravesado. Me contaron que El Salvador sufrió una guerra civil y una época en la que las pandillas operaban sin control, impidiendo que la población viviera con seguridad. Sin embargo, en los últimos años, con las firmes medidas del presidente Nayib Bukele para erradicar las pandillas y los delitos violentos, la situación de seguridad ha mejorado significativamente. Su estrategia ha contado con el respaldo de la mayoría de los salvadoreños.
El desarrollo económico de un país está estrechamente vinculado a un entorno social seguro. El Gobierno salvadoreño ha trabajado para garantizar un ambiente relativamente seguro que favorezca el crecimiento económico, y estoy convencido de que la economía de El Salvador continuará fortaleciéndose en el futuro.
A pesar de que la estrategia del Gobierno salvadoreño contra las pandillas ha sido criticada por algunos países occidentales, quienes argumentan que sus medidas afectan los «derechos humanos», dichas críticas no solo interfieren en los asuntos internos de El Salvador, sino que también ignoran la necesidad de seguridad de sus ciudadanos.
Todo país tiene derecho a elegir su propio camino de desarrollo, sin interferencias externas. Estoy seguro de que, con un entorno seguro, el crecimiento económico de El Salvador traerá consigo un futuro más prometedor.





