Un país que ha superado un problema tan grande como las pandillas y dejó de ser una de las naciones más violentas del mundo –con tasas de homicidio superiores a las de regiones en guerra— realmente llama la atención internacional.
Eso es lo que ha pasado con El Salvador. Con el presidente Nayib Bukele, los salvadoreños han conocido la paz y la tranquilidad. Las generaciones más jóvenes, de hecho, no conocían otra cosa que la inseguridad y, por esto, normalizaron en su interior que había cosas que en el país no se podían hacer.
Daban por fijos algunos comportamientos que ante los ojos de extranjeros eran conductas chocantes, como las pintas de las maras, no visitar colonias que dominaba la pandilla contraria al barrio donde se vivía, pagar extorsiones y los constantes éxodos de familias que escapaban de las amenazas de un cabecilla criminal.
Ahora, con suma satisfacción y curiosidad, los jóvenes se dan cuenta de que pueden caminar libremente por la calle sin temor a que un marero los vea mal y los ataque para robarles las pertenencias. Más salvadoreños emprenden sus negocios y tienen más recursos a su disposición, porque ya no deben entregar dinero a las maras.
Las empresas también han desactivado sus protocolos para enfrentar a las maras, dejaron de pagar extorsiones y circulan con total seguridad por todo el país a toda hora y en cualquier día del año.
Ante esto no es de extrañar que William Duncan, embajador de Estados Unidos en El Salvador, recientemente dijo que «El Salvador ofrece un gran potencial a inversores que buscan acercar sus operaciones y entrar en sectores en crecimiento».
Se trata, entonces, de un país seguro, no solo porque ya no hay crímenes violentos, sino porque hay certezas jurídicas de que las inversiones se protegen y las leyes se respetan.
El Plan Control Territorial ha sido exitoso para reducir no solo los homicidios, sino también otros delitos. La nueva filosofía de la Policía Nacional Civil es que nadie quedará impune, pues todos los crímenes se persiguen sin ninguna distinción.
Cada vez más, el fanatismo de unos pocos tiene menos recepción. Cada vez más, la desinformación difundida por la oposición es menos aceptada.
El pueblo salvadoreño tiene la seguridad de que su Gobierno trabaja para que, una vez superado el tema de las pandillas, el problema económico sea enfrentado y superado. Si se pudo contra las pandillas, también se superarán otros retos acuciantes.





