Mucho antes de la revolución industrial y la creación de los colorantes sintéticos en el siglo XIX, la humanidad ya dominaba el arte de teñir, una habilidad que se remonta cientos de años. Los tintes naturales, extraídos de plantas, insectos y minerales, fueron los únicos medios para dar color a telas, pieles y cuerpos, revelando una historia fascinante de creatividad, comercio y cultura.
En la antigüedad, ciertos colores eran un símbolo de estatus y poder debido a la complejidad y el costo de su producción. El púrpura, por ejemplo, según detalla la bióloga Ana María Rivera en su investigación «El caracol tintóreo («Plicopurpura pansa») en los municipios de Ana María Rivera Jicalapa y Chiltiupán, La Libertad, El Salvador», era extraído de esta especie de caracol de mar y era utilizado por personas importantes.
«El conocimiento de la extracción del tinte por las culturas prehispánicas de la costa pacífica se tiene desde hace más de un milenio. El tinte es utilizado para teñir hilos de algodón, prendas de vestir, ceremoniales y mortuoria como lo atestiguan textiles encontrados en Paracas (Perú) y en la Cueva Chiptic en Chiapas, México, (Nutall, 1909, citado en Payne, 2017); siendo un recurso cultural económicamente importante para etnias de Oaxaca (México) y Borucas, en Costa Rica, (Quintanilla, 2012), las cuales han estado relacionadas con el poder o la fertilidad y la cultura mágico–religiosa de los grupos indígenas que se han dedicado a esta actividad», se expresa en la investigación.
Los tintes naturales no eran solo un medio para embellecer, ya que estaban intrínsecamente ligados a las creencias, ceremonias y estructuras sociales de las culturas antiguas.
Pero, ¿qué son exactamente? Se trata de pigmentos y colorantes obtenidos de plantas, insectos y minerales, a veces combinados para crear una paleta de colores infinita.
La naturaleza, en su magnífica sabiduría, provee una gran variedad de elementos para producir tintes. Lo que antes era un conocimiento transmitido de generación en generación, ahora se ha modernizado. La industria ha evolucionado y hoy en día es posible comprar tintes y pigmentos naturales o ecológicos de forma sencilla, aplicables a una multitud de materiales.
En El Salvador y en gran parte de Mesoamérica el uso de tintes naturales tiene una historia rica y profunda. Los antepasados empleaban una amplia variedad de recursos para teñir textiles y crear arte, dejando un legado cultural que aún hoy se puede apreciar. El añil, conocido como el «oro azul», fue un producto de gran importancia económica que puso al país en el mapa comercial del mundo en los siglos XVII y XVIII.
«Estos tintes no se han utilizado solamente para la tinción de ropa, sino también, en algunos casos, se utilizaban para las comidas dándoles un color característico», explica Víctor Melgar, encargado del herbario del Museo de Historia Natural de El Salvador (Muhnes).
Otra rama donde se utilizan los tintes naturales es en el ámbito del maquillaje y la cosmética, porque son una opción más suave y libre de químicos agresivos como el amoníaco.

Otros pigmentos naturales
Los expertos mencionan otros productos naturales que se pueden utilizar para obtener pigmentos, como la remolacha, el repollo morado, el café, el añil e incluso el fruto de la pitahaya.
La extracción de estos pigmentos es un proceso sencillo que se puede realizar en casa, utilizando elementos como un mortero y alcohol para fijar el color. Sin embargo, su principal desventaja es que son menos duraderos que los tintes sintéticos, ya que se degradan con la exposición a la luz solar.
Con actividades como estas, el Museo de Historia Natural se propone no solo educar, sino también inspirar a las nuevas generaciones a explorar la biología de una manera práctica y creativa, garantizando que el conocimiento sobre los pigmentos naturales no se pierda y, por el contrario, se continúe enseñando a las nuevas generaciones.



TALLERES
El uso de tintes naturales se está dando a conocer a niños y adultos a través de talleres impartidos por el Muhnes, donde se explican los beneficios de obtener colores a partir de la naturaleza.
«La finalidad es que los niños sepan que a través de las plantas pueden obtener colores para hacer sus tareas o para sus creaciones», explica Mónica Pacas, técnica bióloga del museo.
Aunque los talleres no se realizan de manera permanente, los biólogos invitan a la población para que se mantengan pendiente de la calendarización del museo y conozcan qué día se realizarán estos u otros talleres que sean de interés.
Entre los pigmentos más comunes que los biólogos utilizan para la extracción de color se encuentran:

Clorofila: Presente en las hojas de casi cualquier planta, la clorofila es el pigmento más abundante. La espinaca, por ejemplo, es una fuente fácil y accesible para obtener un verde vibrante que se puede fijar con alcohol.

Carotenoides: Son los que dan los tonos naranjas y amarillos que se encuentran en frutos y raíces. La cúrcuma, una raíz con propiedades medicinales, y el achiote, un condimento tradicional, son perfectos para obtener intensos tonos amarillos y anaranjados.

Antocianinas: Producen variados colores que van desde el rojo hasta el morado y azul. La flor de Jamaica es un ejemplo de antocianina, y su extracción produce tonos morados y azulados. Al ser mezclada con bicarbonato produce una reacción que crea un tono un poco más oscuro.







