Es indubitable que desde la llegada del presidente Bukele al poder se inició todo un proceso de renovación y transformación de la administración pública lenta, burocrática y caótica, heredada por gobiernos anteriores que solo la vieron como una fábrica de empleos para sus intereses partidarios.
La administración pública siempre se ha caracterizado por ser un componente estructural donde se diseñan, se implementan y ejecutan las grandes políticas de Estado, donde los procedimientos sirven como instrumentos normativos que regulan las acciones del servicio público, resaltando la coordinación funcional entre los organismos públicos y los demás poderes del Estado.
La administración pública ha venido evolucionando, abrazando nuevos paradigmas, adaptándose a las necesidades cambiantes y a los nuevos desafíos. El nuevo concepto de la administración pública trata de resolver la disyuntiva y la dicotomía de la política y de la administración pública en un enfoque de mayor independencia, especialmente con las nuevas aplicaciones tecnológicas que cambian de manera disruptiva todo el quehacer del aparato público, ya que ayudan a simplificar los procesos de trabajo volviéndolos más ágiles, hacen que la administración sea más dinámica, transparente y más cercana al usuario.
En ese sentido, la transformación digital entendida como un proceso natural se ha integrado en todos los aspectos de nuestra vida, esta conversión también implica cambios en los liderazgos fomentando la innovación y una reinvención de todo el aparato público que permite a todos los empleados una amplia conectividad, donde pueden hacer su trabajo desde cualquier lugar y momento, utilizando herramientas tecnológicas.
La transformación digital en la administración pública brinda grandes oportunidades para la implementación y ejecución de las políticas públicas apoyadas en el «big data», o lo que se conoce como ciencia de datos.
La administración pública maneja la planeación como una actividad que permite vincular los medios y fines, diseñar normas organizativas, definir funciones, procurar la eficiencia en los objetivos de desarrollo a los que aspira la sociedad y dignificar y enriquecer la función pública.
Debemos diferenciar una administración pública en época de guerra, de violencia, a la de una época de paz real y verdadera como la vivimos hoy. Esto es el resultado de cambios y transformaciones tanto estructurales y transversales que está teniendo el país, como resultado de la seguridad, y una modernización y tecnificación de la administración pública que facilita el establecimiento de inversiones de todo tipo, lo cual permite que inversionistas de todo el mundo visualicen a El Salvador como un país potencial, con espacios atractivos para grandes inversiones. No es caso fortuito que grandes empresarios tengan en la mira al país y lo visiten para conocer «in situ» el clima de negocios y compartir sus experiencias con diferentes sectores empresariales.






