El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), derrotado política y electoralmente, cumplirá el próximo jueves 44 años de existencia —entre lucha armada guerrillera y política—, reconociendo que tiene un camino tortuoso por recorrer si quiere volver a posicionarse en el pueblo, algo imposible de lograr según el sociólogo y analista político Mauricio Rodríguez.
Su derrotado candidato presidencial y actual máximo dirigente, Manuel Flores, acepta que el camino será difícil para volver a ser el otrora partido político que ganó dos veces consecutivas el Ejecutivo, que tuvo la llave en las votaciones en la Asamblea Legislativa y que gobernó a más de la mitad de la población salvadoreña desde las alcaldías.
«No es fácil reorganizar el partido», ha dicho Flores, secretario general del FMLN, en entrevistas televisivas dadas en la víspera del aniversario del partido de izquierda.

Flores, quien recibió al partido de izquierda con su aspiración frustrada de retornar al Ejecutivo, sin ningún diputado en el congreso y sin ningún gobierno local administrándolo, también ha anunciado que viajará al exterior a buscar de nuevo el respaldo de los salvadoreños.
Además de su derrota político-electoral, el instituto efemelenista carga también la mala imagen y percepción que tiene la ciudadanía.
En la encuesta poselectoral del Iudop/UCA dada a conocer en mayo de este año, al preguntar a los salvadoreños cuál es la primera palabra que se le viene a la mente al escuchar hablar del FMLN, el 75.4 % dice que son «palabras negativas».
Los salvadoreños encuestados relacionan al partido de izquierda con corrupción, fraude, robo, ladronismo, entre otros calificativos negativos.
Flores, a pesar de tener este panorama, aún abriga esperanzas de que su partido resurja. «El FMLN se está preparando para el retorno. Nos preparamos para regresar al poder. El turno ya viene para nosotros y hay que prepararnos», dice con aires de triunfalismo por adelantado.
Pero Rodríguez ve ya la extinción del FMLN como partido político y vaticina que va camino a convertirse en un «movimiento social», similares a los que existieron en la década de los ochenta, cuando la otrora guerrilla le hacía la guerra a los gobiernos de turno.
«El FMLN se funda como un partido socialista-revolucionario, pero se llenaron de opulencia y se embriagaron de poder […], pero ahora está reducido a un movimiento social nada más que carece de poder de decisión», consideró el sociólogo y analista político.







