En un antiguo jardín de infancia del norte de China, un grupo de ancianos se balancea al son de canciones populares. Ante el rápido envejecimiento de su población y la baja natalidad, el país asiático recurre a estos centros para atender a sus ciudadanos más mayores.
Cientos de millones de chinos entrarán en la tercera edad en las próximas décadas sin nuevas generaciones que los reemplacen ante la tasa de natalidad crónicamente baja del país, según muestran las estadísticas oficiales.
Esta crisis demográfica ya golpea el sector educativo, con casi 15.000 jardines de infancia cerrados el año pasado y una caída de las inscripciones de 5,3 millones respecto a 2022.
Algunos de estos centros han optado por adaptarse a los tiempos como este en la provincia de Shanxi, que sustituyó las ruidosas criaturas por una población más madura y calmada.

Como en el resto del país, la región envejece y el año pasado las muertes registradas superaron en 78.000 el número de nacimientos.
El problema «se volvió particularmente evidente cuando el número de niños continuaba disminuyendo», dice su directora Li Xiuling, de 56 años, a la AFP.
«Después de que mi jardín de infancia se vaciara, pensé en cómo podía darle un mejor uso», agrega.
Fundado en 2005, el jardín de infancia de Li llegó a acoger a 280 alumnos, pero el año pasado tuvo que cerrar. Reabrió en diciembre con un nuevo nombre, Impresión de Juventud, un centro recreativo para personas jubiladas.

Ahora el centro en la capital provincial, Taiyuan, acoge a un centenar de alumnos adultos que aprenden música, danza, modelaje y otras materias.
«Es una idea bastante progresista», afirma. «Vienen a cumplir algunos sueños que tenían cuando eran jóvenes».
«Me siento joven de nuevo»
En una lluviosa mañana de julio, una profesora de modelaje encabeza una fila de mujeres mayores cuidadosamente peinadas que desfilan por el aula ataviadas con vestidos tradicionales qipao y sombrillas rosas de papel.
En otra clase, estudiantes sentados en semicírculo golpean tambores africanos mientras entonan canciones socialistas.
Para He Ying, de 63 años, acudir a este centro le sirvió para superar su falta de confianza tras la jubilación y para conocer nuevos amigos.
«Sentía que mi vida cultural (…) era muy pobre, que no tenía mucho sentido seguir viviendo», dice la mujer a la AFP. Pero la gente aquí «no solo está aguardando la vejez».

Las huellas del pasado persisten en el centro, con pequeñas literas y pupitres alineados en las coloridas paredes de las antiguas clases.
A Yan Xi, que antes enseñaba en el jardín de infancia y ahora dirige las clases para jubilados, le ha llevado un tiempo acostumbrarse.
«Los niños pequeños simplemente creen cualquier cosa que les digas, pero los mayores (…) tienen su propios métodos», dice la instructora.
«Tengo que pensar mejor en cómo comunicarme con ellos», afirma a la AFP.
En los medios locales de China han aparecido otros casos exitosos de preescolares transformadas en centros de educación para adultos.
Para la estudiante Sun Linzhi, de 56 años, estas instalaciones han satisfecho «una necesidad de universidades para los mayores». Desde que empezó los cursos en el centro de Taiyuan, «me siento joven de nuevo», explica a la AFP.







