Por décadas, los salvadoreños vivieron bajo el yugo del terrorismo de las pandillas y la corrupción de partidos decadentes, que decidieron aliarse con los criminales en lugar de defender a la gente honesta.
Debido a eso, El Salvador se convirtió en la capital mundial de los asesinatos. Hubo más muertos durante la posguerra que durante el conflicto armado, debido a que los que detentaron el poder en esos tiempos priorizaron sus beneficios personales, se dedicaron a enriquecerse a partir del saqueo de las arcas estatales y no defendieron al pueblo.
El presidente Nayib Bukele se presentó ayer ante la Asamblea General de las Naciones Unidas y destacó que ahora El Salvador es un país diferente al de hace cinco años, cuando llegó por primera vez a ese foro internacional.
Ahora el país destaca por ser uno de los más seguros del mundo, lo que ha generado múltiples reconocimientos y despertado el interés para replicar el método. Y no hay ningún secreto. Todo se ha hecho a la vista de todos y con total transparencia.
«En El Salvador priorizamos la seguridad de nuestros ciudadanos honestos sobre la comodidad de los criminales. Algunos dicen que hemos encarcelado a miles, pero la realidad es que hemos liberado a millones», aseguró ayer el mandatario.
Para algunos lobistas internacionales y activistas políticos, en El Salvador se oprime a los ciudadanos y se vive en un estado totalitario. Pero lo cierto es que ahora son los buenos los que viven libres sin miedo. Ahora sus derechos humanos y sus libertades son totalmente respetados. Ya no viven bajo el terror del crimen.
«Por eso fomentamos la innovación y alentamos las nuevas ideas», expresó ayer el presidente.
Ahora en El Salvador los ciudadanos encuentran un espacio seguro para perseguir sus ambiciones, y muchos más se están mudando para también cumplir sus sueños, así sea en el campo de la tecnología, las finanzas, las energías limpias, la medicina, las artes, la cultura, la música o la arquitectura.
«Hace unos años, El Salvador solía ser uno de los lugares más oscuros de todo el planeta, pero en poco tiempo nuestra nación renació, porque nos recordamos a nosotros mismos que la libertad se toma, no se da ni se regala, y, como todo en la vida que vale la pena, necesita cuidado y mantenimiento», manifestó el presidente Bukele.





