Suchitoto es una ciudad colonial que tiene impregnada en sus calles, techos, casas y arquitectura general su riqueza cultural e histórica. No fue en vano que en 1528 albergara la primera capital del país.
Actualmente, tiene diversas atracciones para disfrutar como el Festival Internacional Permanente de Arte y Cultura, el Festival de Maíz (en agosto), el Festival del Añil (en septiembre) y el Festival Internacional de Cine, que se desarrolla cada noviembre
Dentro de esta ciudad se encuentra el Teatro Alejandro Cotto, un espacio que nació para difundir el arte y la cultura.
Muchos de los suchitotenses recuerdan este lugar como Teatro las Ruinas porque la casa donde se ubica estaba completamente destrozada debido al conflicto armado, y porque el cineasta Alejandro Cotto la bautizó con ese nombre, en 1991, antes de su reconstrucción.
«Esta casa, primero, fue casa de habitación de los Orellana Valdez, ellos se fueron a San Salvador y la alquilaron a la familia Garzona. Luego, la familia Orellana le alquiló al ministerio de Educación para que montara acá la Escuela Normal de Maestros de Suchitoto, permaneció décadas. Por 1962 cerraron la escuela normal y el edificio se lo dieron al ministerio de Justicia, aquí estuvieron los juzgados por muchos años hasta que llegó la guerra y la casa quedó destruida», recuerda Fredy Leiva, miembro del Patronato Pro Restauración Cultural de Suchitoto.
La casa de los Orellana, después del conflicto armado, se convirtió en un «grito de esperanza en medio de la tristeza que sacudía a la población suchitotense, que buscaba traer a la gente un poco de alegría, que gozaran del teatro, la música, y poesía, con funciones artísticas gratuitas. De manera que la gente olvidara un poco lo que se estaba viviendo en aquel momento», detalla una publicación del periódico comunitario Gaceta Suchitoto.
La idea de hacer de la morada un teatro fue por iniciativa de Alejandro Cotto con el apoyo de Rodrigo Brito Lara y de otros pobladores residentes, como se expone en una de las placas a la entrada del teatro.
Fueron Nora y Roberto Orellana quienes en nombre de Francisco Orellana Valdez (primer propietario del inmueble) quienes donaron la vieja casona solariega (destruida por la guerra y que corría el peligro de desaparecer) al Patronato de Restauración Cultural de la ciudad de Suchitoto, donde Cotto era presidente. Fue así como surgió al primer teatro de Suchitoto, llamado Teatro de las Ruinas
«Alejandro Cotto ya venía con su proyecto de las coronaciones. Hacía un espectáculo en el parque San Martín para coronar a la reina de Suchitoto, lo hacía al estilo de los reyes europeos con traje y todo un espectáculo de cine y de teatro. Para ese entonces, quizá, ya traía la idea de montarse el teatro porque sabía que el proyecto de coronaciones estaba muriendo. La última coronación fue 1978. A partir de ahí, Alejandro empezó a pensar en un proyecto como este (el teatro) y para 1992 ya estaba fundado el Patronato Pro Restauración Cultural de Suchitoto con el objetivo de generar arte, pintura, danza», agrega Leiva.
La construcción del teatro, según detalla el actual miembro del patronato, también se debe al aporte que hizo la república alemana en 1998 y 2008, así como a las gestiones realizadas por los gobiernos que estaban en el poder durante ese tiempo, como se evidencia en las placas conmemorativas que se exhiben en el teatro.
En 2013, tras un homenaje que se le realizó al cineasta Alejandro Cotto, dado su legado y aportes a la cultura y al cine salvadoreño, sobre todo a los suchitotenses, el lugar dejó de llamarse Teatro las Ruinas para convertirse en el Teatro Alejandro Cotto.






La riqueza interior
Aunque la fachada del teatro se vea muy moderna, tras su repello se observa que el inmueble está construido a base de adobe. La vivienda, en su diseño original, era una casa de un piso con amplios corredores que fue un tanto modificada para adaptarse a las necesidades que posee un teatro. «Este es el único teatro ecológico del país, ya que cuenta con paneles solares», indica Fredy Leiva.
El inmueble es un espacio abierto al público en general. Al ingresar, las personas son recibidas por dos estatuas que fueron traídas desde Italia y por medio de sus pasillos son sumergidos a un mundo artístico donde se exponen más de 30 cuadros que fueron pintados por artistas consagrados como la Negra Álvarez, Conchita Kuny Mena, Julia Díaz y Armando Solís, entre otros, que hoy forman parte de la colección del Patronato Pro Restauración Cultural de Suchitoto, quienes tienen a cargo la administración de todo el sitio.
El lugar tiene la capacidad de recibir a 280 personas y a través de los años se ha convertido en el escenario de muchas presentaciones artísticas internacionales que incluyen teatro, música, danza y poesía, entre otros.
También se han presentado artistas nacionales como la Orquesta Sinfónica de El Salvador, la Banda Sinfónica de la Fuerza Armada, el Teatro Hamlet, el Ballet Teatro de Mauricio Bonilla, la Fundación Ballet de El Salvador, Opus 503, el Ballet Nacional de El Salvador y muchos más.







