El éxito de las estrategias de seguridad pública implementadas por el Gobierno del presidente Nayib Bukele han mantenido a El Salvador como un país donde sus ciudadanos no se preocupan por la delincuencia, porque saben que se han superado las condiciones que generaban la violencia y las actividades ilícitas.
Por décadas, los salvadoreños sufrieron el terrorismo implementado por las pandillas en todos los rincones del país. Debido a los vergonzosos pactos entre la vieja clase política y las maras, los barrios y las comunidades vivían bajo los designios de los criminales.
La puesta en marcha del Plan Control Territorial y el régimen de excepción permitió a las autoridades sacar a las maras de las calles. Más de 80,000 integrantes y colaboradores de las pandillas fueron detenidos y puestos a las órdenes de tribunales valientes que los mandaron a prisión, gracias a nuevas leyes que garantizan la protección de la sociedad, en lugar de una falsa defensa de los derechos humanos que priorizaba a los criminales.
El Salvador es el país más seguro de la región centroamericana, sin ninguna duda, un fenómeno que ha sido inverso en otras naciones, como Costa Rica, que padecen ahora de una ola de violencia criminal como nunca.
Uno de los indicadores más poderosos es la migración. Las pandillas obligaron a millares de salvadoreños a abandonar sus hogares. Lo hacían para huir de la violencia o porque expresamente los delincuentes los amenazaban con matarlos si no se marchaban.
La migración forzada se dio en dos vías: una interna, de un municipio o departamento hacia otro, dentro de las fronteras nacionales. La otra era un escape total, abandonar el país y buscar rehacer la vida en otra nación.
Este año, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos confirmó lo que para todos ya era una certeza: menos salvadoreños abandonan el país y se aventuran a viajar sin documentos para huir o de la violencia o de la falta de oportunidades económicas. De acuerdo con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés), hubo una reducción de 45 % en los cruces irregulares de salvadoreños en la frontera sur (Estados Unidos-México).
Esa reducción coincide con la implementación del Plan Control Territorial y es una muestra de que los salvadoreños se sienten más seguros en el país. Sin embargo, el Gobierno sabe que todo es un proceso y trabaja para que esa cifra se reduzca más y más y que, incluso, pueda garantizarse el retorno de millares de personas que se vieron obligadas a abandonar el país.






