El pasado viernes por la noche se inauguraron los XXIV Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe en el renovado estadio Jorge «Mágico» González, y no era menor, en la calle principal un enorme mural con el rostro del apreciado y admirado «mago del balón y rey de la culebrita macheteada». A partir de las 4 de la tarde, los ciudadanos que habían buscado y adquirido las codiciadas entradas para estar presentes en dicha inauguración estaban ingresando para observar y ser testigos de una nueva pista atlética de primera categoría bajo las más estrictas certificaciones del atletismo.
Al ingresar, una notorias butacas multicolores que hacen honor a los diferentes equipos en los que jugó Jorge Alberto González Barillas, en el costado sur una pantalla de primera generación con una resolución que trabajó durante toda la tarde y noche que duró el evento; al costado norte, en espera del fuego olímpico, el lugar seleccionado para el pebetero; en el costado poniente, una nueva tribuna alta y bajas renovadas, con un palco presidencial a la altura de mandatarios y personalidades, y los diferentes espacios para la prensa deportiva. Y en el costado oriente, en los tendidos populares, la novedad era la instalación de butacas en todo lo que conocemos como sol general, custodiado por los pabellones de todos los países participantes en los Juegos.
Durante toda la semana, la Policía Nacional Civil (PNC) había implementado el plan de seguridad para dicha inauguración, con el invaluable apoyo de la Fuerza Armada. La planificación estratégica, coordinación, supervisión y ejecución estuvo a cargo del comisionado general, Mauricio Antonio Arriaza Chicas, director general de la PNC; y de su equipo de trabajo en las diferentes subdirecciones especializadas, con el apoyo de jefaturas y todo el talento humano policial. No tenían ni idea de que la planificación sería superada por la misma ejecución, que fue perfecta; un dispositivo impecable, con un estadio en su nueva máxima capacidad, ya que por las butacas se dispone —ahora sí— de un verdadero aforo.
Me llamó mucho la atención que el nuevo estadio no tiene instalada la tradicional malla ciclón que siempre se ha indicado por el irrespeto a las normas y protocolos de servicio por los asistentes y aficionados. El público también —debo reconocerlo— mostró una conducta ejemplar, no solo en aspectos de seguridad, sino en el respeto máximo a las delegaciones visitantes de los diferentes países. Una fiesta deportiva completa.
La PNC en el interior y exterior del estadio desarrolló todo a la perfección. Antes, durante y después, el talento humano policial demostró una vez más que son profesionales y expertos en la seguridad pública y en el servicio. El mando, el control y la coordinación dependió única y exclusivamente de la PNC. Fue la voz del señor director general, que lideró la operación, y el acompañamiento de las subdirecciones y áreas especializadas. Dispusieron del apoyo y coordinación del señor ministro de la Defensa Nacional, vicealmirante René Francis Merino Monroy.
Las felicitaciones para el Indes y su presidente «ad honorem», Yamil Bukele, y su equipo de trabajo por una inauguración soberbia e impresionante. El Salvador ha pasado de ser en la administración del presidente Nayib Bukele y su Gabinete de Seguridad del país y la capital del homicidio a un país seguro. En este momento, en la lista de países con menor tasa de violencia homicida en el continente, y ahora en la capital del deporte americano por dos semanas.
Fuimos testigos de una noche mágica, impresionante, de un espectáculo de calidad y orgullo para todos los salvadoreños.





