En la Embajada de México se encuentran la exposición «Lírica pictóricas: la fantasía de mis sueños» de la artista visual Flor Nuila que ha trabajado con las técnicas de óleo y acuarela presentadas en 30 cuadros.
La artista se ha enfocado en temas que representan su esencia como la poesía, la cual ha desarrollado y la ha plasmado en sus obras.

«Estos temas son interesantes porque tiene que ver con un estilo expresionista y preciosista donde el color evoca armonía y energía que es parte de lo que quiero proyectar», dijo.
De igual forma, detalló que la muestra nace de una fusión muy personal entre la pintura y la poesía, que surge desde los más íntimo de su ser, su memoria, sus emociones, su forma de ver y sentir el mundo a través del color y la forma.

«Desde niña la poesía me acompañó como abrigo y como un curso. La pintura llegó más tarde como una forma de decir lo que no podía escribir. Siempre he sentido cercano el pensamiento de Julio Cortázar, especialmente cuando habla de su infancia difícil y silenciosa, pero también de cómo esa tristeza no le robó la capacidad de imaginar, crear bellezas y de inventar alegría», destacó.
Al observar las obras se puede imaginar un jardín donde se encuentran mariposas, caballos y flores.

Con respecto a los elementos utilizados, Nuila detalló que para ella la mariposa «es una inspiración por la belleza y metamorfosis» y los caballos reflejan «la nobleza y fuerza».
Por su parte, el embajador de México en El Salvador, Ricardo Cantú, quien participó en la inauguración, detalló que en cada trazo y mancha de color de las obras de Nuila se puede observar como la artista visual evoca la transformación interna del alma.

«Aquí las mariposas no solo migran, sino que cuentan una historia y hablan del movimiento interno de la metamorfosis personal. En la literatura mexicana, la mariposa ha sido también símbolo de transformación y memoria», expresó.
Flor agrega que la inspiración para crear estos cuadros surge de poemas que ella ha escrito y ha querido trasmitir a través del color, la imagen y los símbolos.
«Las distintas obras nacen de un lugar íntimo donde la pintura y la poesía se entrelazan como un solo lenguaje, uno que no necesita traducirse porque vibra directamente del alma. Su estética pictórica se construye desde lo lírico: el gesto que canta, el color que respira, la mancha que recuerda», detalló.

La expositora también describe la muestra como un espacio donde cada pincelada se transforma en un lenguaje directo al alma del espectador.
«En mi pintura, aunque los elementos son figurativos no son de la realidad como tal, sino que son expresados desde mi propio interior poética y pictórica. En la pintura, la filosofía lírica busca que la obra no se limite a presentar la realidad objetiva, sino que se convierte en un espacio donde la artista puede transmitir su experiencia subjetiva, su visión del mundo o un estado emocional en particular», acentuó.
Para la artista, el hecho de «pintar poesía» se erige como un poderoso acto de reparación, una vía para traducir lo intangible en imágenes vibrantes y llenas de belleza, que se convierte en un lugar donde «la infancia, con sus luces y sus silencios, aparece no como una herida, sino como una fuente de luz que se sublima en color», explicó.







