El famoso y tradicional villancico de «Noche de paz» surgió como una expresión cultural para celebrar la llegada del Niño Dios en tranquilidad, como una jornada de reflexión para agradecer las bendiciones y para disfrutar en familia.
En El Salvador, no obstante, la Navidad, como cualquier otro asueto o período festivo, era sinónimo de luto, incertidumbre y temor. Las pandillas solían imponer su terrorismo en los días en que las familias querían disfrutar. En esas fechas los homicidios tenían un repunte y los asaltos y las extorsiones aumentaban. Con total cinismo e impunidad exigían «aguinaldo» a los comerciantes, a los que cobraban la renta bajo amenaza de asesinarlos si no pagaban.
Las navidades pasadas, de esta forma, se vivían con la esperanza de un futuro mejor, de sobrevivir a las exigencias de los criminales y de reservar dinero para la cena de Nochebuena.
Ahora, en cambio, la realidad es completamente distinta. Gracias al éxito del Plan Control Territorial, implementado desde su primer día en funciones por el presidente Nayib Bukele, El Salvador vive su mayor período de paz.
Por primera vez en la historia los salvadoreños pueden celebrar la Navidad, el Año Nuevo y todas las celebraciones en paz. Y no se trata de un hecho aislado. Ya son varios años en los que el pueblo disfruta de la seguridad.
Este mes, por ejemplo, se está perfilando como el más seguro de la historia. Además, se tiene la racha más larga de días consecutivos sin muertes violentas, lo que ya se convierte, por sí solo, en un hito a escala mundial.
Esa es la nueva normalidad. Y por eso es urgente que esa tranquilidad que vive la sociedad salvadoreña sea algo que abarque todas las expresiones de convivencia pública. Por ello, la reciente iniciativa del Gobierno del presidente Bukele de prohibir la ingesta de bebidas alcohólicas a las personas que conduzcan vehículos automotores es un primer paso en este sentido.
La ebriedad al volante no solo es peligrosa, sino que es un atentado directo contra la vida de otros. Ayer en la madrugada, por citar un ejemplo, un borracho chocó con una familia y mató a un niño de dos años.
«Imaginen la Navidad que tendrá que vivir esa familia, por culpa de quienes insisten en manejar alcoholizados», expresó en sus redes sociales el presidente Bukele, quien hizo hincapié en que el conductor que provocó la muerte del niño tenía 192 grados de alcohol en la sangre.






