¿Qué es vivir? No es solo un conjunto de condiciones fisicoquímicas que permiten la existencia de la raza humana en este tiempo y espacio específico; es más que eso, tampoco solo es el ciclo vital de la vida; va más allá de estas categorías que si bien son ciertas, dejan corta la comprensión de lo que realmente significa vivir. Además, la muerte tampoco solo es la cesación de los signos vitales como se determina médicamente; implica factores metafísicos más relevantes.
Los místicos siempre han planteado que cuando una persona muere se deben considerar ciertos aspectos para analizar su cesación; establecen que si una persona muere sin energía, su tiempo se ha acabado; pero si muere con energía, entonces su muerte es prematura; por otro lado, si muere sin propósito y sentido, entonces fue muerte vegetativa; y si murió sirviendo, aportando y amando, su vida fue un regalo a la humanidad. Esto nos muestra que vivir, en realidad, no es solo hacer, es ante todo ser, hacer y ofrecer.
El tiempo en la vida es perceptivo; no es lo mismo cinco minutos para quien está utilizando el baño que para quien necesita usarlo y está esperando. La percepción del ser humano determina el tipo de vida y el deguste de esta. Ante ello, se necesita quizá más comprensión de lo que la vida es como tal, pues quien no aprecia cada instante de existencia y degusta cada circunstancia de esta seguramente está dejando pasar tiempo valioso y, ante todo, oportunidades de dejar huella en sí mismo y en los demás.
Tener una conciencia despierta es, ante todo, remedio para cualquier mal y circunstancia, sea adversa o no. Tanto de los factores individuales como colectivos, de ahí se extienden los arquetipos colectivos jungianos, que dan comprensión a ciertas formas de sentir y de creer. Por tanto, tener la conciencia despierta y actuar según lo que ella ordena (si está bien entrenada) ha de permitir vivir bien, es decir, degustar la vida, las personas y el trabajo. Pues de todos es sabido que el trecho entre la vida y la muerte es corto y se necesita aprovecharlo al máximo si se quiere morir bien.
No está en manos de la persona nacer ni morir; lo que sí decide es el trecho, de cómo vivió, y eso determinará en menor o mayor medida cómo ha de morir; ya que la partida es solo un proceso más de la existencia. Quien vivió en paz, ha de morir en paz, aunque la muerte sea dura y dolorosa. Dijo el maestro Leonardo Da Vinci al respecto: «Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte».
Aunque la vida se divide en tres, como ya se ha expresado: ser, hacer y tener, y cada una es de suma importancia, va a estribar a cuál de ellas se le dé más jerarquía para saber qué tipo de vida y muerte se tuvo. El ser determina la calidad del hacer y la importancia o no del tener o cuánto tener para satisfacer lo necesario para vivir dignamente, o lo que por avaricia me hace creer que necesito más y más; es lo que le dará realmente sentido a vivir y legado al morir. ¡«Carpe diem»! ¡Aprovecha el día!
Ante la cuestionante planteada: ¿qué es vivir? La respuesta más plena será, según el teólogo conocido como el príncipe de los predicadores, Charles Spurgeon: «No es lo mucho que tenemos, sino lo mucho que disfrutamos lo que tenemos lo que hace la diferencia y la felicidad en el vivir».






